Margarita, Madero, Moreno Valle y Mancera

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Una vez que pasen las próximas elecciones, y se instale la LXIII Legislatura del Congreso de la Unión, los partidos comenzarán a mover sus piezas con la vista puesta en la sucesión presidencial.

El reparto del poder que se derive de los comicios determinará las estrategias de cada uno.

Por ejemplo, no será lo mismo un PRI que sume con el Partido Verde —y, eventualmente, con Nueva Alianza— la mayoría de los escaños en la Cámara de Diputados, que un bloque oficialista que arribe a San Lázaro simplemente en condición de primera minoría.

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En el primer caso, el PRI tendría capacidad de orillar a la oposición a negociar con él el reparto del presupuesto y frustraría cualquier plan de revisar la Reforma Fiscal, con el que han amenazado panistas y perredistas.

En el segundo, el partido del gobierno podría quedar a merced de la alianza PAN-PRD que probablemente se formaría en ese caso.

Más aun, tal alianza legislativa fortalecería la idea de varios en el PAN y el PRD de que ambos partidos compitan contra el PRI con un solo candidato en 2018, algo que ya se intentó en 2000, aunque al final resultó innecesario para tumbar al PRI de la Presidencia de la República.

Es arriesgado predecir cómo emergerán los partidos de la jornada del 7 de junio, así que lo más prudente es esbozar distintos escenarios:

1) El PRI gana la mayoría en el Congreso —con sus aliados— y se lleva cinco de las gubernaturas en juego o más. Los resultados debilitan a Gustavo Madero al frente del PAN, y sus rivales internos ven la oportunidad de cobrarse los agravios. El chihuahuense logra su deseo de ser coordinador de la fracción panista en San Lázaro, pero su grupo queda vulnerable en el relevo de la dirigencia nacional. Es la oportunidad para Margarita Zavala de competir por la jefatura del PAN.

2) El PRI no alcanza la mayoría en San Lázaro, pero, aun así, gana las gubernaturas de Nuevo León, Campeche, Colima y Querétaro. Pierde San Luis Potosí, Sonora y Baja California Sur con el PAN, y Guerrero y Michoacán con el PRD.

Morena se queda con 6% de la votación nacional. Tanto el PRD como el PAN salen fortalecidos de la jornada electoral. El dilema para los dos es aliarse para doblar al PRI en San Lázaro y luego buscar en alianza la Presidencia de la República en 2018 o negociar cada uno por su lado con el tricolor e intentar por su propia cuenta el asalto al cielo. En el primer caso, se fortalecen las posibilidades del gobernador poblano Moreno Valle de ser el aspirante presidencial común; en el segundo, las de Gustavo Madero y el jefe de Gobierno del DF Miguel Ángel Mancera.

3) El PRI obtiene resultados aun peores a los del escenario previo. Sólo logra retener Nuevo León y Campeche, y pierde el resto de las gubernaturas. El PAN emerge como el gran ganador de la jornada, virtualmente empatado con el PRI en escaños en San Lázaro. Morena saca 10% de los sufragios, lo que profundiza la crisis del PRD y pone a ese partido ante el dilema de ir por su cuenta en 2018, con Mancera como su candidato, o aliarse con el PAN. Sin embargo, mientras mejores números saquen los panistas, mayores serán las posibilidades de Madero de aferrarse a la candidatura.

Puede haber otros escenarios, desde luego, producto de la combinación de los anteriores o de factores económicos o de seguridad.

Sin embargo, el dato esencial para la política nacional durante el segundo tramo del sexenio es si el resultado de las próximas elecciones hará ver al PRI como se veía después de las de 1997: suficientemente débil para que la oposición pueda retarlo en 2018 con posibilidades reales de ganar.

A juzgar por sus movimientos recientes, y sus listas de candidatos, el PAN y el PRD mantienen abierta la puerta de la colaboración.


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