Mamá, te quiero…

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La desigualdad social y económica de la mujer ha sido reducida en países de Europa, pero en México el problema persiste.

Acaso el tempestuoso y nauseabundo entorno de estos días respecto de crímenes sin nombre, haga pensar como nunca en la necesidad de viento fresco para la vida cotidiana, para el hartazgo ciudadano ante la opresión de las malas noticias. Ambiente, digo, que nos llama a esforzarnos para no desviar nuestra atención de los problemas auténticos, los genuinos adversarios del desarrollo nacional: pobreza, desigualdad, ignorancia, desempleo… 

Todos son graves, deben ser enfrentados con determinación y derrotarlos. Uno entre ellos llama hoy nuestra atención (lo que no significa excluir a los otros, de suyo graves), porque afecta a más de la mitad de la población nacional. Me refiero a la desigualdad y a la mujer, núcleo indiscutible de la familia.

Vayamos al terreno que mejor conocemos: el Distrito Federal. Según números del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI),  72.5% de las madres que trabajan son solteras. En la porción restante, 49.9% de ellas alguna vez tuvieron cónyuge (separadas, divorciadas o viudas), mientras que las mamás trabajadoras, casadas o en unión libre representan 46.6 por ciento.

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Hay un punto relevante: tan sólo en la Ciudad de México, de acuerdo con la misma fuente, hay casi dos millones de niños y niñas menores de 14 años (22% de la población), que están haciendo fila para incorporarse en algún momento a la Población Económicamente Activa. Si la educación y la salud comienzan en la casa, como decimos coloquialmente, ¿qué niños y niñas estamos formando? ¿Están sus madres provistas de todo lo necesario para poder convertirlos, en la edad adulta, en ciudadanos de bien?

Hay delegaciones como Cuajimalpa, Milpa Alta, Tláhuac e Iztapalapa que registran los porcentajes más altos de madres solteras, con hijos menores de 15 años de edad (entre 24.5% y 28%) ¡que son el soporte de sus familias! Por otro lado, las delegaciones Coyoacán y Benito Juárez tienen índices menores (18.4%), pero de ninguna manera son para fingir ceguera.

Pero más allá (y no muy lejos) de los datos duros en este siglo de números y estadísticas, que hoy cito sólo como referencia, nos encontramos ante un escenario que reclama a gritos políticas públicas de apoyo urgente para la mujer. No obstante, los plausibles movimientos sociales que han generado, a pesar del Día de la Madre el 10 de mayo y de su Día Internacional el 8 de marzo, las mujeres todavía sufren los golpes de la desigualdad, la discriminación y la falta de oportunidades. Las madres solteras, trabajadoras y cabezas de familia siguen enfrentando ambientes adversos y hasta hostiles; desempleo y escasa oferta de empleo; exclusión de promociones y ascensos. Y además, si tienen la fortuna de trabajar, deben repartir su tiempo entre el trabajo y los hijos. Su ausencia en el hogar daña el núcleo familiar, incluso desde la etapa de lactancia de sus bebés. 

En países de Europa central, como Eslovaquia o la República Checa, la licencia para atención maternal es hasta de tres años; Suecia y Noruega otorgan hasta 13 meses de licencia maternal de 75% de un sueldo topado en alrededor de tres mil 500 dólares mensuales; Reino Unido otorga un año de licencia maternal de 90% del sueldo durante las primeras seis semanas y el resto a una tarifa fija de cerca de 600 libras mensuales (aproximadamente 12 mil pesos); en Alemania las madres disfrutan de seis semanas antes del parto, con pago de 100% y hasta 14 meses de licencia con 84% del sueldo.

¿Dónde está México? Lejos, muy lejos del mundo moderno. Recordemos que todo lo que se aporte de valores a nuestras hijas e hijos, desde los primeros años de vida, los forjará como ciudadanos útiles al país y a sí mismos. En la escuela no aprenden todo lo que necesitan para salir adelante. Apoyar a las madres, particularmente a las madres solteras trabajadoras, es una responsabilidad ineludible del Estado y los tres niveles de gobierno.

Porque “…la mayor enfermedad hoy día no es la lepra ni la tuberculosis, sino más bien el sentirse no querido, no cuidado y abandonado por todos”, decía la Madre Teresa de Calcuta, frase que la sabiduría popular resumiría en un sencillo “Mamá, te quiero”.


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