Cuando la sal se pudre…

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En México se ha convertido en negocio, pujante negocio, ser delincuente

En palabras del politólogo norteamericano Samuel Huntington, la corrupción tiende a propagarse en períodos de rápido crecimiento y modernización, debido al cambio de valores y nuevas fuentes de riqueza y de poder. Lo traigo a estas reflexiones que hoy me permito compartir con usted porque tenemos que explicarnos lo más racionalmente posible lo que está sucediendo en nuestro país, porque estará usted de acuerdo conmigo que lo de Guerrero no es un hecho aislado. En los últimos 20 años se han venido mezclando valores propios de una sociedad consumista, que entroniza la riqueza material como razón toral de su existencia, con los del enriquecimiento fácil, sin importar la procedencia. La corrupción y el auge del narcotráfico, hoy día son fuente “inagotable” de bonanza para muchos. No ha sido difícil que permeen, hay condiciones culturales para que así suceda.

Vuelvo a Huntington. Escribía que la corrupción es “como el aceite que permite funcionar los engranajes, aunque manche a quien lo toque”; tan es así que este entendido es parte del lenguaje popular: Se habla de “aceitar” un trámite cuando se soborna al fulano o la fulana del que depende que se haga,  en México se dice “maicear o untar”. Con este arrope huérfano de ética  creció y se multiplicó. Se “acepta” como una modalidad en las relaciones de poder, “funciona” como una instancia de reproducción social, por encima de las instituciones y prácticas legítimas, “para hacer perdurar una relación de poder injusta o una lógica económica sin límites”.

En su libro Corrupt Cities, Robert  Klitgaard, Ronald MacLean-Abaroa, y H. Lindsey Parris, destacan que los gobiernos locales —generalmente más débiles que los gobiernos nacionales— pueden caer en la corrupción sistémica. ¿Por qué? Porque los sueldos suelen ser más bajos y, en consecuencia, el personal tiende a ser menos calificado. También porque aumenta el riesgo de que se designen funcionarios por mandato de una gavilla con poder, o con un enfoque populista. Derivado de esto, los gobiernos pueden quedar en manos de oportunistas sin escrúpulos o de idealistas bien intencionados, pero incapaces de gobernar, y entonces la administración de la ciudad, se convierte en caldo de cultivo ad hoc para que “florezca” una caterva de dictadorsetes, un sistema corrupto, o ambos.

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La situación de corrupción generalizada contribuye a la deslegitimación de las instituciones públicas y privadas, agudiza la perversión de las costumbres políticas y de las prácticas económicas, el Estado se vuelve incapaz de controlar estos procesos que, articulados a las presiones de la nueva elite económica surgida del narcotráfico para conquistar espacios políticos, junto con la intensificación de la violencia, de la delincuencia organizada, dan como resultado profundas crisis sociales. En Guerrero, además, están la violencia endémica multiforme, acicateada por la pobreza y la marginación material y cultural, y la ineficiencia de la justicia. Pero no es el único foco, se están multiplicando a lo largo y ancho del país. En México se ha convertido en negocio, pujante negocio, ser delincuente.

El “maridaje” entre las estructuras de gobierno y las de la delincuencia organizada está viento en popa a toda vela, y en proyección nacional. Se exhibe con desparpajo. La insensatez del estado – entendido este como organización política – traducida a la tolerancia, cuando no que a la complicidad, hacia la corrupción, ha puesto en jaque la gobernabilidad de nuestro país, y por ende la seguridad nacional. También hay otro ensamble, el de los partidos políticos y candidatos con el narcotráfico. No basta con el financiamiento público para las campañas, son muy costosas. Con esto no solamente se distorsiona la competencia democrática y enloda la política, que ya es deleznable, sino que vienen aparejados crímenes impunes, fosas clandestinas colmadas de cadáveres sin identificar, desaparecidos y quien sabe que más… Iguala ilustra a detalle la pudrición del sistema.

En México se está matando con extraordinaria facilidad.


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