Maduro, el desesperado

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El próximo domingo 6 de diciembre, los venezolanos están convocados a las urnas para elegir a los nuevos integrantes de la Asamblea Nacional. Durante la campaña electoral las diferencias entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición se han exacerbado hasta llegar al trágico y condenable punto de la muerte de uno de los líderes más visibles de la oposición: Luis Manuel Díaz, secretario general del partido Acción Democrática en el estado Guárico. A este último se suman al menos otros seis ataques que los partidos de oposición han denunciado haber sufrido en menos de diez días.

Dice Moisés Naim que una democracia no se mide por lo que pasa el día de la votación, sino por la manera en la que el gobierno se comporta durante su mandato y para muestra sobre la forma en la que el gobierno de Maduro se ha comportado sobran botones. Desde el desastre económico al que rápidamente llevó a Venezuela y los constantes atropellos a las libertades más básicas, hasta las descalificaciones a los organismos internacionales como la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que después de un oprobioso y largo silencio se atrevieron, por fin, a alzar la voz, el gobierno de Maduro es un claro ejemplo de que siempre se puede estar peor.

Por supuesto, la jefa del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, Tibisay Lucena, rechazó la oferta de la OEA de enviar una misión de observación electoral, a lo que el secretario general de dicha organización, Luis Almagro, respondió en una carta exponiendo las razones de la insistencia en su propuesta, entre las que destaca que “la oposición venezolana no ha gozado de condiciones de participación equitativas en la campaña electoral”, esto expresado en: ausencia de topes de campaña, acceso desigual a los medios de comunicación, implementación de medidas de seguridad que limitan la libertad de expresión, judicialización y amenazas a manifestantes políticos e intervención de partidos políticos por el Poder Judicial. Además, Almagro recuerda en esta carta la detención de Leopoldo López fuera de todo debido proceso y el homicidio de 43 activistas políticos de oposición.

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Después, el asesinato de Luis Manuel Díaz agudizó la confrontación. El secretario Almagro emitió un comunicado señalando el hecho como un acto para amedrentar a la oposición, a lo que Maduro respondió calificándolo de “señor basura”.

Por su parte, hace apenas dos días el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, también llamó a las autoridades venezolanas a garantizar la seguridad de los opositores y recordó que un Estado debe defender y proteger a las personas que cuestionan al régimen.

Más allá de la anécdota, hay razones para estar aún más preocupados, ya que a una semana de los comicios todas las encuestas dan las elecciones ganadas para la oposición, Maduro ha advertido que en caso de que esto se materializara “nosotros no entregaríamos la revolución y… gobernaríamos con el pueblo en unión cívico-militar.” Y “si fracasa la revolución, habrá una masacre”.

Maduro ha perdido apoyo. En la región cada vez son menos las muestras de apoyo, acto reflejo de los aliados que le quedan, y las voces de sus críticos en el mundo se escuchan más fuerte. Maduro se muestra desesperado, pero aún está a tiempo de empezar a comportarse como un hombre de Estado, respetar los derechos y libertades de los ciudadanos a los que debería servir, dejar de intervenir en el proceso electoral y ganar o perder a la buena. El próximo domingo es una nueva oportunidad para él y para Venezuela.


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