Las venganzas de Sheinbaum

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Dicen que vengarse sólo es objetivo de los que se sienten derrotados. El electorado de la Ciudad de México le cobró factura a su gobierno y el resultado fue un fracaso del que ahora parecen vengarse. En ese afán, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, olvida los detalles de su propio triunfo, cuando nadie le retrasó la transición.

Posponer la instalación de las mesas de transición en las alcaldías es un burdo intento de vengarse y que sólo afecta al mismo electorado, que ya decidió cambiar la opción política que representaba Sheinbaum. Sin los 2 mil 800 millones de pesos en juego, de dos años de presupuesto participativo no se puede influir en beneficio de quienes ya decidieron.

Tan primitivo y corriente como que este año por primera vez le entregarán el dinero a los vecinos en propia mano y quieren ser ellos los que lo hagan y rematar a los ciudadanos con un entre dientes: “así votaste en mi contra”. No es un asunto personal, es un beneficio de quienes acudieron a las urnas. O su intención es un acto de venganza y una manera de no querer reconocer el resultado o se le olvidó que ella tuvo de Miguel Ángel Mancera y de José Ramón Amieva, quien entonces gobernaba, la posibilidad inmediata de que se instalará la transición. Habría que recordarle que en 2018 acordó con el gobierno saliente dar prioridad al tema del presupuesto. ¡Ni siquiera le habían otorgado la constancia de mayoría! Comenzó a gobernar apenas ganó. Incluso tomó decisiones de cancelar hasta inversiones.

¿Por qué con los alcaldes de oposición debe ser distinto? Aquí cabe la suspicacia: está comprando tiempo para que los derrotados limpien sus cochineros de corrupción y malos manejos.

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No hay argumento válido, ni razones para postergar. Está moralmente obligada a no retrasar y respetar los tiempos, sabotear no es innovar. Su lema quedó aplastado bajo las decisiones políticas partidistas. Ni ciudadanía de innovación y menos de derechos. Chicanear no es hacer justicia.

Está imposibilitando de facto que los alcaldes ganadores puedan poner su firma en el presupuesto con el que van a trabajar el primer año. El presupuesto federal se aprueba en septiembre. En el caso del local, llega en noviembre, de modo que sólo van a administrar inercialmente un año más del alcalde que el voto ciudadano sacó.

El riesgo: el plan operativo anual no va a reflejar los compromisos con los ciudadanos que les otorgaron su voto.

De ejemplo un botón: en Álvaro Obregón, Lía Limón ha dicho que en sus primeros cien días buscaría iluminar la alcaldía. Ante la posición de Morena, es claro que no van a contemplar ese programa en el presupuesto. Lo que podrá pasar es que pierda esos cien días en esas maniobras.

Lo que se les olvida es que en este intento por vengarse a quien le faltan el respeto es a los ciudadanos. Éste es un signo de no querer reconocer la derrota, de tomar decisiones autoritarias y de política de quinta.

Esta chicanada de postergar la instalación de las mesas de transición tiene el objetivo de seguir controlando la ciudad a pesar y en contra de la decisión de los electores, manipular el presupuesto para que los nuevos alcaldes se vean en problemas para cumplir el compromiso para el que fueron electos, para llegar a marzo y que en la consulta por la revocación de mandato, se generen argumentos para que la gente no los saque.

Lo que pasan por alto es que el electorado no olvidó, ni perdonó, así que su venganza puede resultarles mal y en ese viaje deben empezar a echar tierra a la tumba que cavaron con su mala administración.

 


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