La Cuaresma, tiempo de reflexión y de acción

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Este 2 de marzo, miércoles de ceniza, inicia para los católicos y cristianos en general, el tiempo de Cuaresma, “el periodo litúrgico de cuarenta días en preparación a la pascua”. Según el misal El Pan de la Palabra de Marzo, “la cuaresma es una síntesis de un triple itinerario: Preparación de los catecúmenos para  el bautismo, penitencia pública y preparación comunitaria para la pascua…”, son los cuarenta días de Jesús en el desierto. La cuaresma no es propiamente un sacramento y “se pone a disposición de la comunidad cristiana para que renueve el paso de la muerte a la vida, de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos de Dios”.

Paulo VI escribió en Populorum progressio: “a cada cual toca examinar su conciencia, que tiene una nueva voz para nuestra época” y buscar el sentido de algunas prácticas propias de cuaresma, como son el ayuno, la limosna, la oración…”; el ayuno que no es solo abstenerse de alimentos sino abstenernos de las inequidades y de los placeres ilícitos del mundo, que, como expuso San Agustín, “es el ayuno perfecto”; la limosna… se asocia al empeño por la justicia y reestructuración de los sistemas sociales y pone al cristiano en el esfuerzo por un nuevo orden social. Finalmente la oración, que “hace vivir al hombre de la Palabra… sobre todo en comunidad” y que le da la certeza de que no está solo, que puede confiar en su creador.

Urge percatarnos por tanto que estos tiempos de Cuaresma no son sólo de ayuno y oración, son también tiempos de acción, tiempos para actuar dados los enormes retos que la sociedad toda está enfrentando.

Se está sufriendo la pandemia con sus consecuencias de contagios, confinamiento, hospitalización y muerte. A esto se ha agregado un gobierno desordenado y desprevenido, con una estructura pública de salud sin presupuesto ni medicamentos suficientes y sin el personal necesario.

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El país ha estado padeciendo de una violencia imparable con más de 100 mil muertes en tres años de este gobierno y en el cual se han recrudecido los feminicidios, los infanticidios, las masacres, las desapariciones y los cadáveres sin identificar.

La falta de políticas eficientes del gobierno para estimular la economía coordinarse con el sistema empresarial, el sector académico universitario y de investigación y con el sector social.

La educación que también ha sufrido las consecuencias de la pandemia, pero ya desde antes se tenía una educación insuficiente y deficiente, con pobre calidad que se evidencia en los bajísimos lugares en aprovechamiento en lectura y matemáticas. Maestros no actualizados en digitalización, escuelas sin mantenimiento, vandalizadas, sin equipo mínimo y con recortes presupuestales.

Habrá que agregar los problemas del cambio climático, la migración, la inflación y ahora, hasta la guerra. Estos son solo algunos retos para cristianos y no cristianos, para reflexionar en este tiempo de cuaresma y para actuar en busca de soluciones. Como expone el Lic. William Mora Méndez en sus conferencias: “Sé positivo y piensa… que el obstáculo más grande es el miedo, que el día más bello es hoy, que el mayor error es darse por vencido, que el más grande defecto es el egoísmo, que la mayor distracción es el trabajo, que la peor bancarrota es el desánimo, que el sentimiento más vil es la envidia, que el regalo más hermoso es el perdón, que el mayor conocimiento es Dios, que lo más maravilloso del mundo es el amor, que la felicidad más dulce es la paz…”

Repetir la Oración de la Gratitud: “Te doy gracias Dios por: mis brazos perfectos, cuando hay tantos mutilados, mis ojos perfectos, cuando tantos no tienen luz, mi voz que canta, cuando otras enmudecen, mis manos que trabajan, cuando otras mendigan. Tener mis piernas, cuando tantos no pueden caminar, poder escuchar, cuando hay tantos sordos. Es maravilloso regresar a casa cuando otros no tienen a dónde regresar. Es maravilloso tener un hogar, un país, una familia, cuando hay tantos huérfanos y abandonados. Poder sentarse ante una mesa modesta, cuando existen millones que pasan hambre. Es bueno sonreír, amar, soñar y vivir, y cuántos hay que lloran, odian, se revuelven en pesadillas y mueren antes de vivir. Es maravilloso tener a Dios para creer, y cuántos hay que ni siquiera poseen el consuelo de una creencia. Es maravilloso, sobre todo Señor, tener tan poco que pedir y tanto que agradecer”.

Aprovecho para agradecer a amigos y parientes por sus condolencias ante la partida al Padre de nuestra hija Flor Guadalupe Morgan Franco.


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