“El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras parezcan verdades,
el asesinato respetable, y dar la apariencia de solides al viento”
George Orwell
Una de las herramientas principales en el quehacer político es el dialogo, pues la actividad requiere utilizar ese medio para lograr conciliar intereses a través de la vía del razonamiento de forma pacífica.
En efecto, se dice que la política es una ciencia encaminada a implementar acciones dirigidas al bien común, en la obra de Aristóteles “Politiká”, se le define como asuntos de las ciudades, aunque en realidad va mucho más allá pues versa sobre las relaciones sociales y su ámbito tiene diversas dimensiones, sobresaliendo los sistemas de gobierno.
También podemos afirmar que esa palabra está muy distorsionada, Issac Disraeli, sostiene que “la política mal entendida ha sido definida como el arte de gobernar a la humanidad mediante el engaño”, lo cual en nuestra época, país y circunstancias adquiere una verdad de Perogrullo.
Por el contrario, vista desde una perspectiva viva, adaptable, flexible y conciliadora, se convierte en la forma de gobierno de las sociedades libres, que vinculada a la democracia se concibe como forma o calidad de vida.
Así es dable afirmar que ha sido de utilidad para dar estabilidad a los países fortaleciendo las libertades, como puerta de entrada a gobiernos despóticos o totalitaristas.
Sobre este punto, podemos hablar de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y algunos otros, que son ejemplos significativos en la región, con liderazgos hábiles para comunicar, prometiendo acabar con los políticos corruptos para establecer condiciones extraordinarias a favor de los gobernados, cuando en realidad los convirtieron en súbditos.
Ya lo advertía Hobbes en su famosa obra “Leviathan”, en cuanto al abuso del lenguaje y el significado de las palabras, aprovechándose de la confianza o ignorancia de las personas, dando por cierto una verdad falsa.
Es de esa forma como se ha ido creando el nuevo sistema político mexicano, sostenido sistemáticamente a través de una información completamente engañosa, las mentiras se han contabilizado por miles desde la época de López Obrador.
Han aprovechado los medios a su alcance que son importantes par desplegar su estrategia de comunicación dirigida como diría Ortega y Gasset en su más conocida obra “La Rebelión de las Masas”, precisamente al hombre-masa, que sin cuestionar la información la recibe y adopta como real.
Es el fanatismo a que se refiere Giovanni Sartori en su libro Homo Videns, respecto a la sociedad teledirigida, ahora superada por las tecnologías audio visuales que tienen un importante impacto en las sociedades, al formar opinión pública.
Haciendo uso de esas herramientas, es que la administración morenista aprovecha para dar a conocer la información a modo, sea o no verdad, su interés radica en transmitir los mensajes inclusive con sobreexposición, que sean susceptibles de influir en la sociedad.
Esa pretendida manipulación informativa ha tenido obstáculos, pues si bien, continúa teniendo adeptos, las evidencias sobre privilegios, prebendas y protección de la clase gobernante, frente a la extorsión, inseguridad y carencias que padece la sociedad, obligan a un proceso de reflexión que contrarresta la información oficial.


























