López Obrador consideró que el discurso de la presidenta Sheinbaum en el Monumento a la Revolución no era suficiente y salió para apuntalar el mensaje que, desde ahora, se perfila como el núcleo narrativo de la campaña oficialista en 2027.
Ambos acusan que las pesquisas con fines de extradición contra narcopolíticos mexicanos en Estados Unidosson parte de un perverso plan para derrotar a Morena en las elecciones con la complicidad de la oposición. Suena delirante, pero eso no los detendrá y está por verse su efectividad.
Que el ex presidente haya sentido la necesidad de salir de su fingido retiro con una carta pública dice mucho de la emergencia en la que están.
Él mismo aseguró que solo haría algo así en una situación grave y extraordinaria de alto riesgo para su sucesora, para la “transformación” o para la soberanía nacional.
Es la aceptación de la crisis en la que están y exhibe desesperación porque es evidente que la misiva surgió de un arrebato.
Si bien tienen como prioridad cohesionar a su base social y alinear a los surtidores de la propaganda oficialista en torno al dilema que les interesa posicionar en el imaginario electoral, patriotas frente a traidores a la patria, no se puede negar la posibilidad de que sea leído en Estados Unidos, al menos por los quienes fueron aludidos, explícita o implícitamente, y no se diga por los encargados de darle seguimiento a la relación bilateral.
Hacia dentro se entiende que, con la aceitada maquinaria comunicacional que poseen y los ingentes recursos a su disposición, aspiren a imponer los términos de la conversación, aunque ni así la tienen fácil porque el tema de la protección a la narcopolítica los está hundiendo; pero hacia fuera no hay manera de que salgan bien librados.
La nostalgia cursi y melodramática que expresa López Obrador, añorando el Donald Trump del primer periodo, no resiste el menor análisis y exacerbala confrontación entre gobiernos.
El mayor poder fáctico del país se lamenta y reprocha el supuesto cambio de su otrora amigo, culpando a los maldicientes colaboradores que lo mangonean.
De esa manera, ofende al presidente norteamericano y a su círculo cercano, a quienes dedica todo su repertorio de insultos. A ver cómo lo toma Marco Rubio.
Al leer y alabar la carta de su antecesor en la mañanera, Sheinbaum la hizo suya. Ella había deslindado a Trump con la entelequia de “sectores de ultraderecha”, siendo que es el sistema de justicia de Estados Unidos el que reclama la entrega de narcopolíticos y resulta ingenuo pensar que el presidente norteamericano no lo avala.
Alcontrario, es consecuente con su insistencia en señalar que “los cárteles gobiernan México”. No sé que sea peor, decir que no gobierna o que lo manipulan.
En los ocho años del obradorato han hecho infinidad de concesiones a Estados Unidos. López Obrador financió El Muro de Trump poniendo militares en la frontera y albergó a solicitantes de asilo, convirtiendo a México, en los hechos, en tercer país seguro; Sheinbaum les entregó 92 capos sin juicio de extradición y permite vuelos no tripulados de la CIA sobre territorio nacional.
El problema surge ahora que van por las redes de protección política de los cárteles y, entonces sí, trazan una línea roja: no entregarán a los suyos con independencia de pruebas y debidos procesos.
Es, para el régimen, un asunto de sobrevivencia.
Saben que vendrán por otros, pero, aunque se conformaran con los ya pedidos, temen lo que éstos pudieran decir: si caen ellos, caen todos.
Por eso amagan con inmolarse antes que arriesgar su permanencia en el poder, así se lleven al país entre las patas. El tufo castrista de las arengas soberanistas no es gratuito.
En el pecado llevaron la penitencia. Pusieron una correligionaria incondicional al frente de la FGR y destruyeron la independencia judicial con acordeones. La propuesta de juzgarlos en México suena a simulación y no dan confianza instituciones capturadas.
Además, López Obrador menciona la soga en casa del ahorcado, presumiendo que le regresaron al general Salvador Cienfuegos, el cual quedó impune y después condecoraron. Exactamente lo que no quieren que vuelva a ocurrir.




























