Germanwings

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El pasado martes 24 de marzo, un avión Airbus A320 de la aerolínea Germanwings con 150 personas a bordo, se estrelló en el sur de los Alpes franceses, mientras viajaba de Barcelona a Düsseldorf. La compañía de bajo costo, filial de Lufthansa, afirmó en ese momento que el avión se encontraba en perfectas condiciones y que esperarían a las investigaciones.

Las especulaciones sobre la caída del avión no se hicieron esperar, los testigos afirmaban que sólo habían visto descender al avión sin ningún problema aparente, otros mencionaban la posibilidad de un ataque terrorista. Pasó poco tiempo para que las dudas fueran aclaradas. Al siguiente día, el fiscal francés encargado del caso informó que habría sido el copiloto, Andreas Lubitz, de origen alemán, quien habría chocado intencionalmente la aeronave.

Lubitz, según los audios de una de las cajas negras, aprovecharía una salida al baño del piloto a cargo, Patrick Sonderheimer, para cerrar la cabina y hacer descender el avión hasta el último momento. Una vez que esta información se hizo pública, tanto autoridades, ambas empresas y medios de comunicación se desbocaron en encontrar los motivos que explicaran la decisión de Lubitz.

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Desde ese momento, al copiloto alemán se le ha atribuido toda la responsabilidad de tan lamentable hecho. Teorías sobre depresión, enfermedades crónicas, tendencias suicidas, rompimientos amorosos y bipolaridad han sido algunas de las muchas razones que se han dado para explicar los hechos, ninguna de ellas responsabiliza directamente ni a Germanwings, ni a Lufthansa.

Las dos aerolíneas se han encargado de deslindarse de cualquier responsabilidad con el estado de salud mental de Lubitz, arguyendo que en sus exámenes físicos, psicométricos y psicológicos nunca se detectó alguna irregularidad que lo hiciera incapaz de pilotar una aeronave; en esa estrategia, Lufthansa y Germanwings han proporcionado el historial médico del copiloto, así como la información sobre la ausencia durante su entrenamiento.

Entonces ¿quién es el responsable?. En un primer momento la aerolínea afirma no haber tenido registro de alguna enfermedad y ahora trata de justificar su falta atribuyéndole cada vez más dolencias a Lubitz. Lo que es cierto es que, como empresa, Germanwings tuvo que haber contado con una evaluación completa de su copiloto, cosa que al parecer no tenía.

Ambas empresas son responsables, en teoría, de contar con pilotos preparados y bien evaluados, es parte de su función valorar el estado de su personal en una actividad en donde la salud física y mental es parte fundamental en el trabajo que llevan a cabo. El tratar de justificar su falta a través de las fallas personales de Lubitz, no sólo tiene un dejo de irresponsabilidad, sino de descuido.

Fueron 150 personas, incluido Lubitz, las que perdieron la vida, 150 familias que esperan una explicación clara y certera de lo ocurrido aquella mañana. Lufthansa y Germanwings tendrán que asumir los costos sociales y económicos de un accidente de estas dimensiones, por el simple hecho de que fue la empresa la que falló en garantizar la seguridad de sus pasajeros.

Tanto Lufthansa como Germanwings tendrán que esperar el resultado final de las investigaciones y cooperar en los rigurosos procesos de averiguación que se llevan a cabo en estas situaciones, cabe recordar que aún falta recuperar una caja negra del Airbus A320 que proporcionará la información sobre los parámetros de vuelo de la aeronave en cada momento

A pesar de que hoy haya claridad sobre la condición mental de Lubitz, las aerolíneas no se encuentran exentas de ser las responsables. El copiloto del Airbus A320 pudo haber tenido varios padecimientos, pero fue Lufthansa y Germanwings fueron quienes pasaron por alto las señales en su expediente.


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