Órale, compadre, ¿quién no quiere mudarse al paraíso que pinta doña Claudia? Ahí no hay broncas de inseguridad, mucho menos desaparecidos que preocupen. Uno carga gasolina magna sin que la otra salga más cara, el frijol es el súper alimento bendito —mejor que carne o pollo, a mucha honra somos frijoleros—, la economía va como Ferrari y todos andamos con la sonrisa de oreja a oreja. Suena de maravilla, ¿verdad? Un mundo donde las malas noticias son cosa del pasado y la 4T nos tiene en la gloria eterna.
En este México paralelo, las conferencias matutinas deben ser puro chiste: “¡Ya bajaron las desapariciones, carnal!”, mientras en el mundo real la ONU anda regañando porque ve posible crimen de lesa humanidad y las cifras oficiales rondan los 130 mil o más casos acumulados. En el primer año de Sheinbaum hasta aumentaron los reportes, con miles de familias buscadoras sufriendo. Pero según la visión oficial, no es para tanto: “No es el Estado”, y listo, pasamos a otro tema.
La gasolina se mantiene topada en menos de 24 pesos la magna gracias a acuerdos voluntarios, eso sí se celebra. Pero el día que suba el diésel o se acabe el subsidio invisible, veremos quién sigue cargando tan contento. Y el frijol… ay, el frijol. “Es un alimento bendito, si lo mezclas con arroz es casi como carne”, dice la Presidenta. Nutritivo sí es, nadie lo niega, pero cuando la inflación aprieta el bolsillo y el pollo o la carne se van a las nubes, el mensaje suena más a consuelo que a banquete. “A mucha honra somos frijoleros”, repite. Pues sí, mientras tanto en la carnicería la gente hace cuentas.
La economía, según el relato, va de lujo. Crecimiento de apenas 0.7% en 2025, inversión pública que cayó fuerte, pero “estamos protegiendo a las familias”. La inflación anda controlada alrededor del 3.7%, lo cual es un logro, pero el salario mínimo sube y el costo de la vida sigue dando mordidas. Malas noticias diarias: inseguridad en varias regiones, familias que no encuentran a sus seres queridos y un optimismo oficial que parece sacado de otro universo.
Quiero vivir en ese mundo de Claudia, de verdad. Donde todo es color de rosa, el frijol sabe a filete y nadie desaparece. Mientras, en este México terco y real, seguimos lidiando con la inseguridad, la inflación que no suelta del todo y las cuentas que no cuadran. Ojalá nos inviten pronto al paraíso frijolero. Mientras tanto, aquí seguimos, con los pies en la tierra y el plato medio vacío.


























