Francisco arma lío

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En su encíclica Laudato si, Bergoglio señala las graves disfuncionalidades de la economía global causante del cambio climático

“¡Les pido que armen lío!”, les respondió el papa Francisco a los jóvenes argentinos con los que se encontró en Río de Janeiro en julio de 2013, durante la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud. Los pibes habían escuchado su mensaje y le preguntaron: “¿Qué debemos hacer?”, entonces los exhortó a desatar la vivencia de su fe con alegría y atrevimiento; sin respeto a las inercias pastorales, fuera de las zonas de confort eclesiales.

La encíclica Laudato si, sobre el cuidado de la casa común, es congruente con aquella contestación. Se trata de un documento severamente crítico a nuestro modo de vida contemporáneo, estragador de los seres humanos y del medio ambiente. Apenas publicada ya comenzó a generar un fuerte jaleo. No será la primera vez que una encíclica papal sacuda al mundo, más allá del ámbito religioso y católico.

 

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Rerum novarum, de León XIII (1891), abordó la problemática social y creó una corriente de pensamiento político laico del que emergieron partidos centristas en Europa y América Latina; unos, protagonistas de la reconstrucción del viejo continente después de la Segunda Guerra, otros, actores en la democratización latinoamericana. El modelo económico renano, sustento de la prosperidad alemana, así como los padres de la Unión Europea: Adenauer, De Gasperi y Schuman se nutrieron de esa propuesta.

 

Pacem in terris, de Juan XXIII (1963), publicada apenas superada la crisis de los misiles en Cuba (octubre 62) que amenazó a la humanidad con una hecatombe atómica, rompió con el clima de la Guerra Fría y descalificó el choque bipolar EU-URSS. Llamó a las potencias al diálogo y a la coexistencia pacífica. Contribuyó a la distensión internacional y precedió la firma de tratados para la no proliferación de armas nucleares.

 

Populorum progressio, de Paulo VI (1967), dedicada al desarrollo de los pueblos, fue un enjundioso llamado a los estadistas y las organizaciones multilaterales para impulsar la cooperación entre las naciones y atender con urgencia los desequilibrios entre los países ricos y los que se encuentran en vías desarrollo. En la misma clave estuvo la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados impulsada por la diplomacia mexicana, lo que motivó el encuentro entre el papa Montini y el presidente Luis Echeverría en febrero de 1974, sin la existencia de relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede. La Carta fue aprobada por la Asamblea General de la ONU el año siguiente.

 

Hay que leer y entender integralmente Laudato si. Formará parte de la historia de los posicionamientos papales de alto impacto. Recoge las preocupaciones ecologistas de los últimos pontífices, Wojtyla y Ratzinger. Estuve en la Capella Regia del Vaticano en enero de 2007, cuando Benedicto XVI invitó a la comunidad internacional a “eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto al medio ambiente…”

 

Bergoglio actualiza y radicaliza este juicio. Señala las graves disfuncionalidades de la economía global causante del cambio climático y clama contra el “descarte” de los más débiles. Sobre todo, ubica el origen del problema en la conciencia y el corazón de los hombres. Propone líneas de orientación y acción. Llama a promover una educación y una espiritualidad sustentada en valores cristianos trascendentes, coherentes con el cuidado de la madre tierra y la dignidad de los seres humanos. Exhorta a una conversión ecológica: “No será posible comprometerse en cosas grandes sólo con doctrinas sin una mística que nos anime, sin unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria…”.


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