El salvajismo terminará quemándonos a todos

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Para nadie es un secreto que México está viviendo desde hace lustros una etapa de enorme violencia. Pero algo que tampoco puede negarse es que cada vez hay más crueldad.

Una arista de esa crueldad es la violencia contra niñas, niños y adolescentes, que, hasta hace no mucho tiempo, eran un segmento más o menos respetado. Ahora no, ahora son agredidos y reclutados por igual.

Otra arista de la crueldad se deja ver en la forma en que ahora se agreden entre sí mismos algunos cárteles del crimen. No hace mucho, circuló en redes sociales un video espantoso, en el que se expone cómo le cortan una pierna con una segueta a una persona viva, y otro brutal, en el que un sujeto le arranca el corazón a una persona aún viva, y se lo come. Y han circulado otros videos en los que bandas de la delincuencia exhiben festivos las cabezas cercenadas de sus rivales.

Hasta ahí, todo había sido en el contexto de las guerras entre las propias bandas del crimen organizado, para sembrar terror entre sus propios integrantes, sin embargo, más recientemente, hemos visto cómo esa subcultura de la violencia ha permeado hacia otros sectores de la sociedad que tal parece han ido perdiendo el sentido del asombro, normalizando la violencia extrema, y en muchos casos haciéndola suya, para dirimir sus propios conflictos con los demás.

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Ahí tenemos como ejemplo los casos de linchamientos contra personas inocentes a las que se les confunde con ladrones, o con “robachicos”, como le sucedió al joven abogado Daniel Picazo cuando acudió a una pequeña población de Puebla a visitar a sus parientes. La escena fue de horror; lo desvistieron en la plaza pública, lo torturaron y lo quemaron vivo.

Así es como vimos también el surgimiento de la violencia contra las mujeres, que derivó a la postre en los altísimos niveles de feminicidios que se ven en el país, que el año pasado sumaron 3 mil 500 casos; ¡diez cada día!

Este tipo de violencia en razón de género, nada, o muy poco, tiene que ver con el crimen organizado, pero al igual que en ese ambiente, cada vez aumenta más su nivel de crueldad.

Uno de los fenómenos que evidencia eso, es el uso de ácidos u otros corrosivos, para impregnar a una mujer, generalmente en el rostro, como le ocurrió a la saxofonista María Elena Ríos, aparentemente en la intención de deformarla como venganza por su desamor, o como le ha ocurrido también a Elisa Xolal, o a Carmen Sánchez, o cualquiera de las decenas más que han sido brutalmente atacadas de esta manera a lo largo y ancho del país.

A todo lo anterior, se suma ahora una nueva y horrorosa modalidad de violencia y salvajismo que es la de quemar vivas a las personas.

Así le pasó a Luz Raquel Padilla en Zapopan, hace un par de semanas, cuando vecinos le prendieron fuego virtud del hartazgo que les generaba los ruidos que hacía su niño autista en sus episodios de crisis. Ahora la fiscalía jalisciense sugiere la hipótesis de que se auto inmoló, lo que resulta no solo inverosímil, sino revictimizante.

Así le ocurrió también a Margarita Ceceña, en Cuautla, Morelos, hace alrededor de un mes, cuando parientes suyos la quemaron viva como revancha por la disputa de un inmueble. Su madre, su pequeña hija, y su hijo de 11 años de edad, mismo que grabó la escena con su teléfono celular, han quedado permanentemente marcados al haber sido testigos de ese horror.

Y así le sucedió también a Liliana Torres, en Monterrey, Nuevo León, hace cuatro meses, quien fue secuestrada, violada y golpeada por cuatro hombres, y después quemada viva. Increíblemente Liliana sobrevivió, pero su cuerpo, y en especial su alma, han quedado marcadas para siempre.

47 mujeres más sufrieron quemaduras deliberadamente infligidas durante el primer semestre de 2022.

Tengo una hipótesis: La violencia demencial que por años ha desatado el crimen organizado, y su constante exposición en redes sociales, y hasta su romantización en series de televisión y en películas, ha normalizado la crueldad extrema y ese salvajismo a grado tal que muchas personas empiezan a echar mano de ella en su vida cotidiana.

México, se está convirtiendo en un infierno, en el infierno que terminará por quemarnos a todos.


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