El gobierno de Peña Nieto, peor ¿imposible?

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De este gobierno cualquier cosa se puede esperar y no necesariamente para bien.

No cabe duda que desde la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Isidro Burgos” en Iguala el 26 de septiembre de 2014, y el escándalo de la “Casa Blanca” en noviembre de ese mismo año, el gobierno del Presidente Peña Nieto nomás no levanta cabeza y todo indica que difícilmente lo hará en los poco más de dos años que restan a su administración.

En estos meses el panorama se ha ido tornando cada vez más sombrío, y a pesar de los intentos del gobierno por convencer a la sociedad de que vamos por el camino correcto, muy lejos quedaron aquellos tiempos en que celebraba la aprobación de las reformas estructurales que supuestamente auguraban un futuro promisorio.

Los acontecimientos que evidencian el fracaso de la gestión priista se suceden uno tras otro. A la fuga del Chapo Guzmán -que aún y cuando lograron su recaptura no por ello dejó de ser un duro golpe para esta administración-, se le suman los crecientes niveles de inseguridad -en mayo se registró el mayor índice de homicidios dolosos en lo que va del sexenio con 1746-, así como los informes de diversos organismos internacionales que concluyen que México padece una grave crisis en materia de derechos humanos por el número de desaparecidos, ejecuciones extra judiciales como en Tlatlaya, exceso en el uso de la fuerza o los casos de tortura.

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En lo económico el panorama tampoco pinta mucho mejor y para ello basta con observar los precios del petróleo, el incremento en la deuda pública, la cotización del dólar y los niveles de pobreza y desigualdad.

Por si lo anterior no fuera suficiente, siguen sin entender el origen del “mal humor social”, su capacidad de reacción ante los problemas es muy limitada y por el contrario tal parece que se empeñan en abrir flancos igual con la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos que con los comités y relatorías de la ONU, con la iglesia católica o los empresarios.

Resulta incomprensible por ejemplo, que los innegables avances para crear el Sistema Nacional Anticorrupción se vean empañados por su obstinación en cerrar sus declaraciones patrimoniales, y sobre todo en imponer en la Ley General de Responsabilidades Administrativas -que va dirigida a los servidores públicos- una carga excesiva a los particulares que más bien suena a revancha por el contexto de exigencia que se generó.

De igual manera la permisividad con la insultante corrupción que se observa, y la condescendencia con Gobernadores inefables como Javier y Cesar Duarte o Roberto Borge le cobró factura al PRI en las pasadas elecciones, ya que como lo señaló el ex dirigente de ese partido Manlio Fabio Beltrones citando a Luis Donaldo Colosio “lo que los gobiernos hacen, sus partidos lo resienten”.

Sin embargo, cuando pareciera que el escenario no podía ser peor, el conflicto con la CNTE -al que se han unido grupos radicales- escaló a niveles muy preocupantes, los habitantes de Oaxaca están desesperados por los bloqueos, el consecuente desabasto así como la sensación de que permanecen secuestrados, en tanto el gobierno federal se percibe francamente rebasado. No debemos perder la esperanza, pero la experiencia nos dice que con este gobierno, cualquier cosa se puede esperar y no necesariamente para bien.


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