viernes, julio 3, 2026
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El abucheo como termómetro político

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El Mundial de futbol, más que un escaparate deportivo, se ha convertido en un espejo incómodo para varias figuras de Morena. En apenas semanas, cuatro episodios distintos —cada uno con matices propios— han encendido el debate sobre el desgaste social que enfrenta el movimiento oficialista a poco más de un año de haber refrendado el poder presidencial.

El caso más simbólico es el de la propia presidenta Claudia Sheinbaum. El 11 de junio, día de la inauguración del Mundial, la mandataria decidió no asistir al Estadio Ciudad de México, rompiendo con una tradición que ningún jefe de Estado anfitrión había roto en 22 ediciones del torneo. Analistas como Raymundo Riva Palacio interpretaron la ausencia como un cálculo político ante el temor de una rechifla masiva, mientras que la propia presidenta explicó su decisión apelando al costo de los boletos y a un gesto de cercanía con la ciudadanía. La controversia no es menor: ni Donald Trump ni Mark Carney, los otros dos anfitriones, asistieron tampoco, lo que abre una lectura alternativa sobre el cálculo político compartido entre los tres gobiernos, más allá del caso mexicano.

El senador Gerardo Fernández Noroña acumula, por su parte, una serie de episodios de rechazo público que se remontan a 2025: fue abucheado en el restaurante 1810 de Querétaro, confrontado por estudiantes en la Universidad de Guanajuato, recibido con reclamos por policías jubilados en Culiacán, y más recientemente corrido del restaurante El Cardenal en la Ciudad de México, donde comensales le gritaron consignas como «narco» y «fuera». El propio legislador ha calificado estos incidentes como «emboscadas orquestadas» por la oposición, una narrativa que contrasta con la insistencia y diversidad geográfica de los sucesos.

En Sinaloa, la diputada con licencia María Teresa Guerra Ochoa, aspirante a la candidatura de Morena para la gubernatura de 2027, fue abucheada y obligada a retirarse de un restaurante de Culiacán mientras veía el partido entre México y Ecuador, en medio de gritos de «fuera Morena». El incidente ocurre en una entidad marcada por la violencia y por señalamientos internacionales contra funcionarios estatales vinculados al partido en el poder.

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El episodio más reciente ocurrió apenas este 1 de julio en Oaxaca, cuando Flavio Sosa Villavicencio, secretario de las Culturas y Artes, recibió un sonoro abucheo durante el Primer Convite que marcó el arranque de las Fiestas de Julio, previas a la Guelaguetza. El exdirigente de la APPO, cuya gestión ha enfrentado críticas por la exclusión de representaciones tradicionales y por el costo de ediciones anteriores del festival, no escapó al rechazo ciudadano en un evento que, paradójicamente, celebra la identidad y cohesión comunitaria oaxaqueña.

¿Reflejan estos episodios un hartazgo ciudadano generalizado hacia Morena, o son hechos aislados amplificados por las redes sociales y por sectores opositores con intereses propios? La pregunta divide a analistas. Para algunos, la reiteración y diversidad geográfica de los incidentes —Sinaloa, Oaxaca, Querétaro, la capital del país— sugiere un patrón que trasciende la coincidencia. Para otros, el fenómeno del abucheo político no es nuevo en México y ha alcanzado también a figuras de otros partidos y países, por lo que atribuirlo exclusivamente al desgaste morenista podría ser una simplificación interesada. Lo que sí resulta innegable es que el Mundial, con sus cámaras y multitudes, ha ofrecido a la ciudadanía una vitrina inédita para expresar su descontento.

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