miércoles, agosto 26, 2026
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Devotos, elecciones y otros políticos non sanctos: Candado a la doble nacionalidad

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La presidenta Claudia Sheinbaum, que no se queda quieta ni un segundo, ahora saca del tintero una reforma constitucional para que ni presidentes ni gobernadores andén con doble nacionalidad. “Eres mexicano, punto”, dijo en la mañanera. Como si representar al pueblo fuera un asunto de pasaporte y no de compromiso real.

El argumento suena bonito: uno no puede servir a dos amos. Pero resulta curioso que, después de que hace años se abrió la puerta para que un mexicano con un padre o madre de origen extranjero pudiera aspirar a la Presidencia, ahora se quiera cerrar con llave y candado. La Constitución ya reserva ciertos cargos a quienes no adquieran otra nacionalidad, pero al parecer eso no bastaba. Hay que reforzar la cerca.

En redes ya se armó el debate: unos aplauden la medida como defensa de la soberanía, otros la tachan de restrictiva de derechos políticos. ¿Desde cuándo tener raíces en otro lado te hace menos leal? Muchos mexicanos del norte cargan esa doble condición sin que eso les quite el orgullo de ser de aquí. Y no faltan los que recuerdan que, cuando conviene, la doble nacionalidad se celebra; cuando estorba, se prohíbe.

El caso Cabeza de Vaca sirvió de pretexto perfecto. El exgobernador de Tamaulipas anda en Estados Unidos y la extradición no avanza. De ahí saltó Sheinbaum a la reforma. Pero coincidió con el enredo de Rocha Moya, que entró y salió de la gubernatura de Sinaloa más rápido que un diputado a la hora del lonche, y con el rechazo que provocan ciertos lineamientos sobre derechos de las audiencias. Uno se pregunta si la propuesta no viene también a correr cortinas de humo.

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No se trata de dudar de la buena fe de la presidenta. Representar a México es cosa seria y nadie debería andar con lealtades divididas. Pero tampoco se puede ignorar que cerrar puertas de golpe siempre genera sospechas. La lealtad no se impone por decreto; se demuestra con hechos. Y mientras se discute si un gobernador puede o no tener otro pasaporte, el país sigue lleno de pendientes que no se resuelven con reformas de papel.

Al final, la iniciativa aún es solo un anuncio. Falta ver el texto, el debate en el Congreso y si de verdad se aplica con la misma vara para todos. Porque en este país de “nonsanctos” políticos, las reglas suelen tener letra chiquita.

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