lunes, agosto 24, 2026
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Rocha Moya: una ruptura que desafía a Morena

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El regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa, tras 112 días de licencia, no es un mero episodio de coyuntura estatal. Es una fisura que expone las tensiones internas de un partido que ha construido su identidad pública sobre la cohesión disciplinada y la obediencia vertical hacia Palacio Nacional.

 

La anomalía disciplinaria

En episodios previos, Morena ha demostrado una capacidad casi mecánica para alinear a sus cuadros ante las instrucciones presidenciales; al grado de que sus legisladores han reconocido en privado que las iniciativas del Ejecutivo federal no se modifican «ni una coma». Este patrón hace especialmente llamativo que Rocha Moya haya retomado el cargo por decisión personal, según el comunicado con el que el propio partido se deslindó del hecho.

 

Si la militancia responde con tal automatismo a los mandatos superiores, la existencia de una acción que contradiga esa conducta sugiere dos posibilidades: que el gobernador sinaloense actuó con respaldo interno o que la disciplina partidista tiene límites cuando lo que está en juego es el fuero constitucional.

 

La reacción presidencial refuerza la hipótesis de la fractura. La presidenta Claudia Sheinbaum advirtió que «ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación», y que lo pretendido no es el bienestar de la gente, sino la ambición del poder por el poder. El mensaje, aunque sin mencionar nombres, llegó un día después del regreso del mandatario, en un contexto en el cual ninguna voz del partido se había pronunciado a su favor. La ausencia de respaldo explícito y la marcación de distancia pública desde la Presidencia constituyen, en sí mismas, una declaración política.

 

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El cálculo del fuero

La explicación más plausible tras la decisión de Rocha Moya es la recuperación del fuero constitucional. Esta protección procesal —perdida temporalmente durante su licencia— dificultaría que la Fiscalía General de la República o las instancias legislativas estatales procedan judicialmente en su contra sin despojarlo de nuevo del cargo.

 

El gobernador sostiene que compareció ante la FGR sin ampararse en el fuero y que las indagatorias no encontraron elementos que lo relacionen con conductas delictivas. Sin embargo, su versión contrasta con las acusaciones del Departamento de Justicia estadounidense, que lo señala por haber recibido apoyo de la facción de «Los Chapitos» durante su campaña de 2021.

 

El silencio del expresidente Andrés Manuel López Obrador, sumado a la coincidencia temporal con la revocación de las visas de sus hijos —incluido Andrés Manuel López Beltrán, quien calificó la medida de política y propagandística—, alimenta la hipótesis de que el regreso del gobernador no fue un acto aislado, sino parte de una recomposición de alianzas dentro del movimiento frente a la ofensiva judicial de Washington.

 

El dilema estructural

El problema de fondo para el partido en el poder no es Rocha Moya como individuo, sino el precedente que sienta. Si Morena avala un juicio político para retirarle el fuero, abre la puerta a que el mismo mecanismo se aplique a otros gobernadores o funcionarios señalados por vínculos con el crimen organizado, un riesgo de efecto dominó insinuado por la propia Presidencia. Si no lo hace, corre el peligro de que sea Estados Unidos quien defina, mediante señalamientos, imputaciones o filtraciones, el ritmo de la política interna mexicana.

 

Ahí radica la disyuntiva: entre quienes prefieren evitar una confrontación directa con la justicia estadounidense y quienes ven en el discurso soberanista una plataforma de movilización rumbo a 2027. Ambas posturas coexisten bajo una calma aparente. Pero la pregunta planteada implícitamente por la Presidencia sigue esperando respuesta: ¿está Morena dispuesto a sacrificar a uno de los suyos para demostrar que ningún interés personal está por encima de la Nación?
 
De última hora
 
Este sábado 22 de agosto, Rubén Rocha Moya presentó al Congreso una nueva solicitud de licencia temporal, ahora “con carácter indefinido” y por más de 30 días.
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