Ay, qué cosa tan curiosa la justicia según la 4T. Claudia Sheinbaum, que no ha tenido ni un ratito para sentarse con las madres buscadoras que llevan años clamando por sus hijos desaparecidos, de repente saca tiempo y voz para defender a Raúl Castro. Sí, el mismo al que Estados Unidos acusa de ordenar el derribo de dos avioncitos civiles en 1996. “¿Qué sentido tiene acusar a alguien por algo de hace 30 años?”, pregunta la presidenta con esa carita de quién no quiere la cosa.
O sea, para los narcos mexicanos y los gobernadores aliados como Rocha Moya y compañía, la justicia es implacable y hay que romper el “pacto criminal”. Pero cuando se trata de un viejo compañero ideológico del patio de atrás, entonces es “injerencismo” y “¿para qué remover el pasado?”. Su defensa de Cristina Fernández de Kirchner ya nos había dado el adelanto: aquí la ley no es ciega, es más bien miope y solo ve bien a los que comulgan con el mismo credo.
Mientras tanto, las madres buscadoras siguen en la puerta, con sus fotos y sus dolores. A ellas sí les toca esperar. A los Castro, en cambio, se les tiende la alfombra roja de la solidaridad latinoamericana. Qué risa, ¿verdad? Porque Sheinbaum se ríe cuando le conviene, pero el pueblo mexicano ya empieza a notar que la “justicia humanista” es humanista nomás pa’ los cuates.
Al final, todo se reduce a afinidades ideológicas. Si eres de los nuestros, hasta los crímenes de hace tres décadas se vuelven “cuestión de opinión”. Si no, ni madres buscadoras ni justicia que valga. Pura doble moral con sabor a prianismo reciclado en morenista.































