lunes, agosto 3, 2026
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Amigos de todos, menos del norte

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Donald Trump, ese señor que colecciona ofensas como otros coleccionan estampitas, se dio el gusto de desenterrar un articulito de marzo escrito por Bill O’Reilly. El texto no se anduvo por las ramas: “México no es amigo de Estados Unidos. Su gobierno ha sido corrupto durante décadas”. Y de ahí para abajo, con lo del narco, los muertos y la negativa mexicana a dejar entrar a los militares gringos a pelear la guerra que, según ellos, nosotros no sabemos ni queremos pelear.

La respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum fue de esas que caben en un tuit y sobran palabras: “Somos amigos de todo el mundo… y la valentía es la defensa de la soberanía”. Punto. Gracias. Se acabó la conferencia.

Uno entiende la cautela. No hay que engancharse con quien vive de la provocación. Pero también uno se pregunta si “amigos de todo el mundo” alcanza cuando el vecino del norte te está diciendo, con todas sus letras, que no eres su amigo y que te ve como un patio trasero lleno de corrupción y de carteles que le mandan fentanilo a sus hijos. La relación bilateral no se arregla con frases bonitas ni con el discurso de que “la valentía es la soberanía”. Se arregla (o se complica más) con acuerdos concretos, con números que no mientan y con la capacidad de sentarse a la mesa sin que uno de los dos sienta que le están faltando al respeto.

Porque el tema de fondo no es si somos simpáticos o no. Es que el narco sigue matando en las calles mexicanas, que la corrupción no es invento de O’Reilly ni de Trump, y que Washington insiste en meter soldados mientras México insiste en que aquí mandamos nosotros. Esa tensión no se resuelve con “somos amigos de todo el mundo”. Esa frase suena bien en Oaxaca, frente a las cámaras, pero en la frontera y en las oficinas de Washington se escucha más bien como “no queremos pelear, pero tampoco queremos que nos digan cómo pelear”.

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Al final, Trump tiró el anzuelo viejo y Sheinbaum no mordió. Bien por la compostura. Pero ojalá que la compostura no se confunda con resignación. Porque de “amigos de todo el mundo” a “nos vale lo que digan del otro lado” hay un tramo muy corto… y muy peligroso.

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