lunes, junio 22, 2026
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El libro de Salazar que incomoda a la 4T

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Las memorias diplomáticas suelen ser textos de autor que mezclan anécdotas con ajustes de cuentas. El nuevo libro del exembajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, titulado Borderlands: My Fight for an Inclusive America, que será publicado el 28 de julio por la editorial BenBella Books, encaja en ese perfil, pero con una diferencia que lo distingue de la literatura diplomática convencional: sus revelaciones sobre el expresidente Andrés Manuel López Obrador tocan el nervio más sensible de la política mexicana contemporánea, la presunta relación entre el poder y el crimen organizado.

El dato más explosivo del libro proviene no de la observación directa del exdiplomático, sino de una fuente anónima. Salazar relata que a finales de agosto de 2024 recibió información de un prominente empresario mexicano al que identifica únicamente como «El Susurrador», descrito como alguien que le susurraba al oído a López Obrador y era amigo y confidente del presidente mexicano. Según el exembajador, ese empresario le transmitió que AMLO estaba muy preocupado por la información que Estados Unidos pudiera obtener de Ismael «El Mayo» Zambada, como si el poderoso capo pudiera soltar la sopa sobre cualquier cantidad de funcionarios públicos mexicanos.

La afirmación es políticamente devastadora, pero metodológicamente endeble. Hasta el momento no se han presentado pruebas públicas que respalden la supuesta preocupación atribuida a López Obrador, ni existen señalamientos judiciales derivados de las declaraciones contenidas en el libro; las afirmaciones corresponden al testimonio de Salazar y a la versión que, según él, le fue transmitida por una fuente confidencial. En términos de evidencia, el exdiplomático construye un relato de segunda mano, atribuido a un interlocutor anónimo, sobre los estados de ánimo internos de un expresidente. Su peso político, sin embargo, podría ser considerable: Salazar fue un actor central de la relación bilateral durante cuatro años y su testimonio difícilmente puede descartarse como el de un outsider desinformado.

El contexto refuerza la relevancia del señalamiento. Ismael «El Mayo» Zambada permanece bajo custodia en Estados Unidos, enfrenta cargos por delincuencia organizada, narcotráfico, lavado de dinero y uso de armas, y en agosto de 2025 se declaró culpable de los cargos en su contra, lo que lo dejó sujeto a una sentencia de cadena perpetua. La declaración de culpabilidad implica, en la lógica judicial estadounidense, una cooperación con las autoridades. Lo que Zambada haya revelado, o pueda revelar aún, sobre la política mexicana es una incógnita que pesa sobre varios actores, no solo sobre López Obrador.

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La trayectoria del propio Salazar añade capas de complejidad al análisis. El exembajador comenzó su gestión como una figura muy cercana a López Obrador, pero terminó distanciado de él, y en el libro defiende sus críticas a la política de «abrazos, no balazos», calificándola de fracaso, y a la reforma judicial. Salazar afirma que escribió varias notas privadas al entonces mandatario expresando preocupaciones sobre la reforma al Poder Judicial, pero que esas comunicaciones quedaron sin respuesta, antes de que López Obrador lo acusara públicamente de infringir la soberanía de México. Ese distanciamiento abre una pregunta legítima sobre el sesgo posible de las memorias: ¿escribe Salazar como testigo o como actor que ajusta cuentas con quien lo desautorizó?

Para la oposición mexicana, el libro es munición política de alta potencia. Para los seguidores de la Cuarta Transformación, se trata de una construcción narrativa basada en rumores de pasillo, conveniente para los intereses estadounidenses y para quienes nunca aceptaron el proyecto lopezobradorista. Ninguna de las dos lecturas puede ignorarse: la primera porque el testimonio de un embajador con acceso privilegiado merece tomarse en serio; la segunda porque las memorias diplomáticas rara vez son neutrales y casi siempre sirven también a la agenda de quien las escribe.

Lo que el libro sí instala con fuerza en el debate público es la pregunta que México no ha podido responder formalmente: ¿qué sabe «El Mayo» Zambada sobre los vínculos entre el Estado y el crimen organizado durante los últimos sexenios, y cuándo, y ante quién, lo dirá?

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