martes, marzo 17, 2026
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Sheinbaum se Lava las Manos con el Mencho

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En las mañaneras y en los pasillos del poder, la frase que está dando de qué hablar es esa de Claudia Sheinbaum: “No es un asunto de quién dio la orden”. ¡Órale! El Mencho, el mero mero del CJNG, cae en un operativo en Tapalpa, Jalisco –herido de muerte en el traslado–, y la presidenta sale con que no fue su instrucción, sino una ordencita de juez que la Fiscalía y la Sedena ejecutaron solitas. Como si la jefa suprema del Ejército se enterara por el chisme de la esquina.

Ramón Alberto Garza, que no se anda con rodeos, lo puso clarito en sus análisis: al evadir así, Sheinbaum muestra debilidad pura. No asume la responsabilidad de un golpe que, en teoría, debería ser el más grande de su sexenio. En lugar de decir “yo lo mandé capturar porque ya era hora de darle en la madre al narco”, se deslinda como Poncio Pilatos en versión moderna. Y mientras tanto, la sombra de AMLO se hace más larga: el viejo lobo de Palenque sigue ahí, recordándonos que en su tiempo las cosas se manejaban con otra chingonería, aunque también con sus mañas.

En redes ya circula el meme: “Sheinbaum, la presidenta que no preside”. Unos dicen que es prudencia institucional, que evita politizar la justicia y que el marco legal es lo que manda. Otros, más cabreados, lo ven como señal de que la 4T se le está yendo de las manos. Si ni el abatimiento del capo más buscado lo puede reivindicar como propio, ¿qué le queda? ¿Las conferencias de prensa donde todo es “estamos trabajando” y “coordinación con los estados”?

La neta es que esto pica. Porque en México, el presidente que no se cuelga medallas cuando caen peces gordos del narco, parece que no gobierna. Y con Trump respirando en la nuca, exigiendo resultados contra los cárteles, la imagen de una mandataria que se hace la desentendida no ayuda. Garza lo resume brutal: ya cedió el mando a los militares y a los gringos. ¿Y ahora qué? ¿Seguir evadiendo o empezar a mandar de verdad?

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Mientras el país espera que la presidenta se ponga los pantalones –o al menos el chaleco antibalas–, la bola de nieve crece. Debilidad presidencial, sombra del antecesor, narco que no suelta el control. Si esto sigue así, la mañanera va a necesitar más que datos duros para convencer a la gente de que aquí manda alguien.

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