¡Ay, Dolores Padierna, la diputada de Morena que no se calla ni bajo el agua! «No vamos a comprar la narrativa de EU», suelta como si fuera un mantra antiimperialista, para apagar el incendio por las acusaciones gringas contra Rubén Rocha Moya, Enrique Inzunza y ocho morenistas más —y contando, porque las semanas traen sorpresas—. Control de daños puro, neta, como cuando el PRI echaba la culpa al diablo en los noventas. Pero, ¿se acuerdan del video estelar? Ese donde su maridito, René Bejarano, agarra fajos de billetes como si fueran volantes de campaña, cortesía de Carlos Ahumada. ¡Pum! Bejarano a la cárcel, y Padierna muda como muerta.
Hoy, con Rocha y su pandilla señalados por lavado y nexos con el Cártel de Sinaloa —según la fiscalía de EU—, la doña revive el libreto: «¡Es un montaje yanqui!». Olvida que en 2004, con el escándalo Ahumada en prime time, Morena y sus antecesores no armaron tanto show. Bejarano pagó con cárcel, y punto. ¿Cinismo? Más bien desmemoria galopante, o puro «yo no fui, fue Teté». Respeto por los tiempos duros que le tocó vivir, pero ¿no conoce el dicho «calladita te ves más bonita»? Porque entre soltar peroratas y recordar el pasado, México se ríe de tanta hipocresía.
Es el clásico de los devotos: predican pureza mientras el closet chorrea. Rocha, gobernador de Sinaloa, con acusaciones de sobornos narcos; Inzunza, senador, en la misma sopa. Y Padierna, en lugar de pedir investigaciones limpias, arma berrinche soberanista. ¿Resultado? EE. UU. aprieta con más pruebas, y Morena queda como el partido que llora «intervención» cuando les pica el trasero. Humor negro: si Bejarano resucitara, le diría a Dolores: «M’ija, no ladres tanto, que el video no miente».
En fin, devotos y nonsantos: la lección es simple, no escupas pa’rriba. México merece responsabilidad, no narrativas baratas.
























