viernes, marzo 6, 2026
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Ante la turbulencia, más leña al fuego

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Es realmente difícil de asimilar, los tiempos marcan un complejo panorama, la situación que guarda el país y en paralelo, el entorno mundial, obligan a actuar con prudencia, unidad y cuidando que la postura institucional sea a la altura de los intereses nacionales, respetando la soberanía de los estados; a favor de los derechos humanos y; en defensa de los intereses del pueblo de México.

No obstante, esta administración se ha conducido con ambigüedad; utiliza narrativas a favor del pueblo cubano o venezolano para ocultar el apoyo a las dictaduras. Su verdadera intención es auxiliar a los regímenes autoritarios, guardando un sospechoso silencio sobre la opresión y la constante violación a los derechos humanos que han padecido en esas regiones los gobernados.

La convulsión global obliga a las definiciones en el marco de una política exterior que refleje nuestra vocación democrática y el respeto irrestricto a los derechos humanos, sin sesgos ni regateos, que aglutine el sentir del pueblo de México y, a la vez, la tradición adoptada por nuestro país en las relaciones internacionales.

Es cierto que nuestras posturas frente al mundo se rigen por una serie de principios establecidos en la constitución que deben observarse integralmente, máxime cuando existen conflictos que alteran la armonía mundial y, sus efectos, pueden tener repercusiones en el país.

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Sin dejar de lado la parte interna, vivimos en una guerrilla. Los cárteles han sometido, ocupado y controlan buena parte del territorio nacional imponiendo sus reglas y retando a la autoridad, que ha sido incapaz de frenar las embestidas.

Los últimos acontecimientos del domingo negro dieron cuenta de ello, ciudades como Guadalajara y Puerto Vallarta, fueron sitiadas, aisladas, incomunicadas y paralizadas. Los habitantes, atemorizados se refugiaron en sus hogares quedando esos lugares a merced de los delincuentes.

Cualquier gobierno que tenga sentido común, para enfrentar los desafíos requiere de la unidad nacional e instituciones sólidas, por lo tanto, debe convocar a lo primero y fortalecer lo segundo.

Sin embargo, todas las acciones han ido en sentido contrario, pues no solamente se ha desmantelado y debilitado el entramado institucional del país, sino además es notable la incapacidad del Estado para dotar de servicios básicos a la población como es el caso del acceso a la salud.

Asimismo, como pretende obtener la unidad nacional, si día con día envía señales que acarrean desconfianza, al solapar y encubrir actos de corrupción e inclusive proteger a destacados miembros del gobierno vinculados con delincuencia organizada.

Además, pone sobre la mesa un tema que tanto de fondo como de forma es motivo de agravio, al pretender una reforma electoral tóxica, que no convence ni siquiera a sus aliados, provocando polémica, distanciamiento y rechazo.

En momentos complicados como los que atravesamos, llenos de turbulencia tanto en lo externo, como al interior, es necesaria la unidad para enfrentar los retos, la conciliación política y social es un activo que produce mayor fortaleza y confiabilidad.

Empero, sus propósitos son mantener la división y el encono en lo interno y, en política exterior, apoyar a los regímenes autoritarios con los que se identifica y considera aliados y amigos.

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