miércoles, abril 22, 2026
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Lobos solitarios, fase superior del terrorismo de ultraderecha

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Justo después de que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo había ido al reino monárquico de España que conquistó a México y luego de haber declarado con todas sus letras que provenía del pasado del México originario indígena, un acto de violencia que se puede caracterizar como terrorista e ideológico de ultraderecha estalló en toda su dimensión en la pirámide teotihuacana de la Luna, sede de sacrificios indios.

Todos los datos indican que fue un acto terrorista con perfiles de la ultraderecha fascistoide, quizá el primero en expresarse en toda su dimensión en la actual fase de la lucha ideológica mexicana. Asimismo, el perpetrador dejó perfiles de pertenecer a una corriente ideológica oscura, y con punto de referencia casi único con el Mario Aburto Martínez del Caso Colosio que se invistió en Caballero Águila para cometer su magnicidio hace 42 años.

El caso del lobo solitario de Teotihuacán –zona de los sacrificios indígenas– evidenció que México acaba de perder la virginidad ideológica porque el autor dejó entrever una confusión ideológica e intelectual basada en los valores radicales de la derecha fascista. El tiroteo fue una expresión clara del terrorismo que vemos todos los días en tiroteos callejeros en Estados Unidos con motivaciones políticas y sociales y también en atentados ideológicos en Europa.

Lo que se pensaba que no podía pasar aquí, ya ocurrió: una referencia exacta en tiempo y espacio social y político de lo ocurrido en el ciclo que comenzó en Columbine, Colorado, el 20 de abril de 1999, sólo que ahora fue el 20 de abril de 2026 en Teotihuacan, Estado de México, como para entender una especie de aniversario. Y además de las fechas se tuvieron referencias en vestimentas, lecturas y argumentos.

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El aviso está dado: jóvenes desclasados, lumpen, fuera del sistema productivo y educativo, y de alguna manera beneficiario del populismo asistencialista, están encontrando el pensamiento fascista, violento y armado, para imponer sus ideas. Es obvio de que el perpetrador de Teotihuacan tenía problemas de razonamiento intelectual, pero se cometería un error estratégico garrafal en señalar desquiciamiento de sus facultades mentales, a menos de que se trate de una argumentación pública para desdramatizar un poco el asunto.

A los temas de inseguridad de sobra conocidos en las encuestas gubernamentales y en los seguimientos policiacos, se abrió una llamada de atención hacia un sector juvenil marcado por la violencia de la sociedad de los cárteles del crimen organizado, y no se tienen elementos suficientes –cuando menos en el corto plazo– para tratar de mostrar si existen líneas de investigación en los mapas de riesgo –en caso de que estos existieran, claro, en los escenarios gubernamentales– sobre el efecto demostración de actos terroristas individuales y violentos básicamente en Estados Unidos que pudieran estar comenzando a intentar réplicas en México.

Se han acumulado –eso sí– evidencias de jóvenes estudiantes mexicanos que ingresan a sus locales educativos con armas punzocortantes pero también de fuego y pólvora. Y ha crecido en el ambiente universitario de universidades públicas y privadas el problema del bullying que estaría perfilando una depresión sobre todo en sectores estudiantiles alejados de los núcleos productivos.

El mensaje que está dejando el caso del lobo solitario en Teotihuacan no es el de un hecho aislado que se pudiera desdeñar como irregular y casi único, sino que están aportando elementos de que algo está ocurriendo en la sociedad juvenil que no participa de las áreas de producción y que ha estado perdiendo valores sociales ante el acoso dominante del clima de inseguridad que muestra justamente la violencia como un territorio laboral descuidado.

El Sistema Nacional de Seguridad debería ya –o debió desde hace tiempo– asumir nuevos escenarios de violencia social juvenil o de madurez en función de mensajes que ahí están en las prácticas delictivas que han crecido en medio del descuido laboral por el objetivo gubernamental limitado de regalar dinero y no generar condiciones de empleo organizado para los jóvenes que están dentro o fuera del sistema educativo nacional. La conceptualización del lobo solitario es solo para caracterizar un perfil, pero hay que preguntar si las autoridades tienen incluso escenarios de riesgo que habrían considerado actos de este tipo.

El tema que ha sido reconocido y se estaría trabajando con acciones concretas sobre todo desde el sector militar que tiene que ver con el tráfico clandestino de venta de armas dentro de México y las que recientes informaciones que revelan que jóvenes estudiantes están cayendo en el clima de acopio de todo tipo de armas. El gobierno mexicano en diferentes sexenios ha instrumentado algunas medidas de control –como el registro de mochilas o arcos de seguridad–, pero sin llegar a ser formas sistematizadas y permanentes de supervisión.

El punto decisivo es que esto no debía pasar aquí, pero ya pasó, y lo peor que puede ocurrir es que en México no pasa nada y cuando pasa… no pasa nada.

Política para dummies: La política es un semáforo de alerta con tres focos en rojo.

carlosramirezh@elindependiente.mx

http://elindependiente.mx

@carlosramirezh

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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