Un Orador Privilegiado y una Cumbre Polarizada

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En un evento para conmemorar la independencia mexicana, es poco ortodoxo la invitación al presidente cubano Miguel Diaz-Canel, máxime el acentuado cuestionamiento de que es objeto ese régimen al reprimir manifestaciones y por su larga historia de violación a los derechos humanos, desde la época castrista hasta nuestros días.

Lo contradictorio del asunto pone de relieve la afinidad entre ambos personajes, tanto el anfitrión como el invitado, mandan señales inequívocas de entendimiento, sobre todo es aspectos multilaterales, donde los funcionarios del país caribeño son verdaderos tiburones, avezados en el tema, calculadores y con objetivos específicos en cada acción.

Así, ese inusitado y poco ortodoxo acto de cordialidad, no le veo utilidad para el país, más bien observo que los créditos se los lleva el mandatario cubano, al obtener un espacio privilegiado para dirigirse a la comunidad internacional, precisamente en las fechas conmemorativas y los festejos de la independencia mexicana, condición que lo coloca con el respaldo del gobierno de nuestro país como el líder de la izquierda latinoamericana.

El jugar en esas ligas requiere de mucha experiencia y gran estrategia, si el Presidente López Obrador, pretende convertirse en el líder de la izquierda latinoamericana, auspiciando un sentimiento antiimperialista en contra de los Estados Unidos, con el ánimo de recorrerse hacia ese extremo y, con ello, tratar de deslindarse de decisiones que lo ubican en el otro parámetro, me parece de una ingenuidad mayúscula.

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Convengo en que fue un logro importante celebrar la reunión de la CELAC en México, aunque la ausencia de Argentina y la falta de participación de Brasil, dejan un hueco difícil de compensar al ser países relevantes en la región, aspectos que van en demerito de la integración.

Por otra parte, las evidentes diferencias suscitadas entre los mandatarios presentes dieron una estocada insalvable a la reunión, que hizo imposible avanzar en el tema principal consistente en erosionar la OEA, organización con mayor infraestructura, recursos y fuerza que la incipiente CELAC.

En ese orden, la CELAC como órgano de unidad e integración política, económica, social y cultural, la hacen descansar sobre las bases de la democracia. equidad y justicia social, de los Estados latinoamericanos y del Caribe, sin mencionar expresamente los derechos humanos, que constituyen una premisa fundamental.

Ahora, si bien es cierto que se incluye la parte democrática, también ese punto es motivo de fragmentación entre los países miembros, pues al intercambiar acusaciones sobre regímenes autoritarios, represores y dictatoriales, se torna complejo construir consensos de fondo, aspecto imprevisto por los organizadores del evento.

En ese sentido, podríamos afirmar la importancia de la Organización de Estados Americanos, por ser un foro más amplio, con bases más sólidas y de mayor consistencia que el CELAC, quizás el argumento para justificar a esta última es la integración de Cuba, que pretende liderear el bloque de izquierda regional, para lo cual le vino como anillo al dedo la cumbre en México.


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