Tres años de nada

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Los indicadores de la economía, la seguridad, bienestar y de popularidad no arrojan buenas noticias, el PIB no crecerá conforme a lo estimado, el peso se deprecia, las reservas se caen, el dólar sube, la violencia incrementa, se escapa El Chapo, la pobreza de los mexicanos crece, los escándalos impactan en el centro del poder y la popularidad del Presidente a la baja, a niveles históricos como ningún otro mandatario.

La excelente salida de este gobierno, con las reformas estructurales energética, educativa, fiscal, energética y jurídica, están solo en el imaginario, y sin avanzar lo deseado, con problemas en su instrumentación, que desde ahora auguran un éxito mediocre, sino es que el fracaso.

La estrategia de seguridad continúa sin dar muestras de coherencia con la creación de divisiones policiales, duplicando y sin esquema real de dirección y operación a nivel nacional y estatal, la economía centrada en el manejo de las variables externas más que las internas y sin un proyecto real de desarrollo nacional que haga participar a la sociedad en su conjunto; lo que parecía ser el gobierno de la salvación, está quedando en el gobierno de la decepción.

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Eso es lo que pasa con gobernantes construidos a base de percepciones y expectativas y no de sólidos planteamientos que respondan a las principales necesidades y problemas de la sociedad.

Pasa con gobiernos que inician con gabinetes metidos de lleno en la sucesión presidencial, todavía no había tomado protesta el actual presidente cuando ya se hablaba de los presidenciables, de dos grandes bloques dentro del gobierno, lo que le restó no sólo autoridad a la endeble figura de presidente, sino efectividad al gabinete, que a la postre derivó en un notorio desinterés por asumir responsabilidades de gobierno, ahí los casos de Iguala con la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa y la fuga del Chapo, perlas de la irresponsabilidad y omisión en las obligaciones de Estado y la función pública.

Este gobierno paso la pena de la casa familiar, con la salida de la esposa del primer mandatario a dar justificaciones insólitas que no acabábamos de asimilar cuando nos enteramos de otra construcción en Malinalco, casos de mala percepción dirán algunos.

Mas ocupados en sus futuros políticos, los principales pilares del gabinete federal han estado entretenidos en sus cálculos estratégicos para no atrasarse en la carrera presidencial, ganando adeptos, conformando grupos y aliados, convirtiendo eventos oficiales en actividades de proselitismo para penetrar y ganar presencia en el público, discursos ya electorales, zancadillas y empujones que sólo han logrado hacer lento e ineficiente el propio accionar de la figura presidencial.

A tres años de gobierno se puede decir muchos ya están empezando a extrañar al actual gobierno, pensando más en el futuro, que por percepción se observa mejor, y casi nadie apuesta que en los tres restantes pase algo sustancialmente distinto que coloque al país en una ruta distinta, es más, el panorama se avizora con más obscuros que claros.

México merece más de lo que hoy tenemos, pero mientras no se atienda lo importante, seguiremos solo sobre lo urgente, y atendiendo lo urgente se nos irá el país entre las manos.


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