Tragedia e impunidad

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El pasado que desprecian para diferenciarse los alcanzó. No tienen manera de eludir su responsabilidad, pues los gobiernos anteriores en la CDMX son los suyos y la actual administración morenista en la capital lleva dos años y medio en funciones. ¿Es posible que se venciera la trabe en la vía elevada de la Línea 12 sin que la falla estructural estuviera desde su construcción? ¿No debió ser detectada oportunamente con el mantenimiento habitual?

La tragedia pudo evitarse y hay responsables, pero el manejo político de las instituciones por parte de los gobiernos sin contrapesos de la 4T hace pensar que protegerán a sus criaturas, máxime cuando su prioridad es incidir en las elecciones. Hemos visto cómo manipulan la procuración de justicia, tanto para perseguir opositores como para dar impunidad a los propios. Sin embargo, ahora la tienen más difícil por la magnitud de lo ocurrido, las pérdidas humanas, los lesionados, las afectaciones a cientos de miles de usuarios y las señales de corrupción, ineptitud y negligencia que han acompañado a la Línea 12 desde su construcción, así como el inocultable deterioro de ese sistema de transporte.

La autonomía de las fiscalías es letra muerta, no se diga en la CDMX donde la mayoría morenista en el Congreso local modificó la Constitución recién aprobada para que pudieran nombrar en ese puesto a su compañera de bancada, Ernestina Godoy. Una reforma constitucional privativa, es decir, con dedicatoria a favor de una correligionaria cercana a la jefa de Gobierno. ¿Se puede esperar una investigación imparcial de quien debe indagar probables responsabilidades de la persona que movió el aparato y trituró los principios generales del derecho para que estuviera en tan importante cargo?

No le bastó a Claudia Sheinbaum tener las espaldas cubiertas con su fiscal carnal, eligió unilateralmente a la empresa externa que realizará el peritaje sobre las causas del desplome. Poca información tenemos sobre la designada compañía noruega, pero no hay duda del inmenso conflicto de interés que implica, por una parte, investigarse a sí misma y, por la otra, elegir y contratar a la segunda opinión. Lejos de despejar dudas, las va a confirmar.

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Las sospechas se dividen, pero no se excluyen. Entre las prisas por inaugurar y los sobrecostos en la construcción que apuntan hacia Marcelo Ebrard y Mario Delgado, y la indolente austeridad y deficiente atención de los problemas del Metro que miran al gobierno actual de la capital, nos encontramos con la lucha entre los suspirantes más visibles para suceder a Andrés Manuel López Obrador.

El mayor inconveniente no es que se dirima la carrera presidencial con el Ministerio Público a las órdenes de uno de los contendientes o que el jefe de todos ellos acabe determinando a quién culpar en función de su proyecto, sino que la justicia para las víctimas y la necesaria rendición de cuentas vuelvan a quedar relegadas por el interés político del Presidente y las intrigas palaciegas.

Es verdad que pueden señalarse también fallas en la gestión de Miguel Ángel Mancera, sobre todo en las revisiones estructurales tras los sismos de 2017, pero Sheinbaum lleva más de dos años al frente del gobierno, tiempo suficiente para haberlas detectado. Por eso, aunque sería el chivo expiatorio ideal para la 4T, no tendría credibilidad que lo responsabilizaran a él y absolvieran a sus dos prospectos para delfín. Porque además los antecedentes son reveladores.

12 estaciones de la Línea 12 estuvieron cerradas en 2014 por errores de diseño, costó 70% más de lo programado y se aceleraron los trabajos para apuntalar el futurismo presidencial del actual canciller. Y es un hecho que se redujo el presupuesto del Metro en este sexenio en más de dos mil millones de pesos, que hay subejercicio y que los recurrentes percances en el último año se deben a la falta de mantenimiento.

Parecería inaudito que siga en el cargo Florencia Serranía, directora del Metro, pero es lo que hemos visto con Hugo López-Gatell. La escuela de López Obrador: preferible sostener hasta la ignominia a un funcionario leal, antes de aceptar errores. La tlayuda busca minimizar la tragedia y presagia impunidad.


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