Tráfico bajo tierra

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Nadie supondría que el medio de transporte que hoy en día usan cinco millones de personas está sirviendo de resguardo.

El barrio bravo de Tepito se expande debajo de nuestros pies, debajo de la tierra.

La presencia del crimen organizado en la Ciudad de México sigue siendo evidente para todo mundo menos para las autoridades capitalinas. Pero ahora van más allá: el uso del transporte público para mover estupefacientes hacia el barrio bravo de Tepito es el nuevo modus operandi de los delincuentes, lo que también pasa desapercibido por el gobierno de la ciudad.

Los túneles del Sistema de Transporte Colectivo Metro se han convertido en la nueva guarida que han encontrado los criminales, quienes los usan para mover droga, armas, incluso cuerpos mutilados y, en general, expandir sus territorios.

Nadie supondría que el medio de transporte que hoy en día usan cinco millones de personas está sirviendo de resguardo para el trasiego de las drogas que están inundando nuestra ciudad y envenenando a nuestros jóvenes.

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Los criminales han encontrado el nicho perfecto: multitudes que saturan el Metro, nula o deficiente vigilancia, pero sobre todo, el canal ideal para mover estupefacientes hacia el corazón de la ciudad que alberga a los grupos del crimen organizado arraigados en la capital.

Ante la ceguera, sordera y omisión de las autoridades, por decir lo menos, el Metro se vuelve un lugar perfecto para delinquir, para atravesar Tepito y la ciudad entera sin levantar sospecha.

Omisión, sin embargo, que parece comenzar a diluirse. No en vano recientemente el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, inauguró 15 estaciones de la policía capitalina dentro de la red del Metro.

Acciones implementadas, sin embargo, de manera desarticulada en busca de lanzar una estrategia de combate al crimen dentro del Metro.

Desarticulación que alcanza los tres niveles de gobierno –federal, local y delegacional–en donde los colores partidistas han imposibilitado diseñar una estrategia para reconocer y atacar el cáncer que agobia a nuestra ciudad.

La delegación Cuauhtémoc alberga y da cabida a los grupos criminales que descomponen a nuestra sociedad y proveen de la droga a los mercados de consumo expandidos gracias a la complacencia y negligencia de la autoridad.

Mientras el jefe delegacional, Ricardo Monreal, reniega y se contradice sobre la presencia del crimen organizado en su demarcación, el gobierno local desconoce y rechaza la realidad; y, por otra parte, el gobierno federal está totalmente ausente de un problema que, por su naturaleza jurídica
–narcotráfico— le incumbe y corresponde totalmente.

Con pasos tímidos y temerosos el Gobierno de la Ciudad de México parece empezar a reconocer que Tepito es un problema social y de seguridad local y nacional; con un plan de reordenamiento del corredor del Eje 1 Norte para acomodar a los comerciantes de la vía pública, quienes han sobrepasado la capacidad de regulación y control de la administración.

Pero, de nueva cuenta, un plan para maquillar un problema que demanda la atención y coordinación de los tres niveles de gobierno.

Resolver el problema de seguridad que representa Tepito no se dará con acciones aisladas, sino con la intervención, articulación y acción coordinada desde la Federación, pasando por la Jefatura de Gobierno y la autoridad delegacional.


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