El Hoy No resuelven

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No en vano, desde que entró en operación la medida emergente, hemos tenido por lo menos cinco contingencias ambientales en el último mes. Lo que jamás había pasado en 14 años.

El endurecimiento del Hoy No Circula es una medida emergente y radical, pero nunca ha tenido como objetivo mejorar de manera radical la calidad del aire.

Así de simple y sin recato, el titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Rafael Pacchiano, suelta que la medida que ha puesto de cabeza a los ciudadanos no tiene utilidad de fondo. En conclusión, no sirve.

El castigo al que los ciudadanos han estado sometidos los últimos dos meses es insustancial, pues el problema no son los automóviles
—no obstante que sí son una fuente de emisiones—.

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No en vano, desde que entró en operación la medida emergente, hemos tenido por lo menos cinco contingencias ambientales en el último mes.

Lo que jamás había pasado en 14 años. Entonces, la lógica indica que sacar de circulación a un millón de vehículos diario no ha funcionado en lo mínimo.

Por el contrario, Martín Gutiérrez Lacayo, coordinador Ejecutivo de la rimbombante Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe), dice, sin empacho, que el problema está en la periferia y no en la ciudad, pues en la Zona Metropolitana del Valle de México hay más de 700 industrias.

Ubicadas en la franja Tula-Vito-Apaxco-Tepeji, las industrias están reguladas por un ordenamiento caduco, sin vigencia, la NOM-043-SEMARNAT-1993, “que establece los niveles máximos permisibles de emisión a la atmósfera de partículas sólidas provenientes de fuentes fijas”.

Por más de 23 años la norma no ha sido actualizada, y hoy está en la mira de la propia Semarnat y de la CAMe como una de las principales sospechosas de la contaminación. Pero el problema de la contaminación es tan añejo, ignorado y sobrepasado como la misma Norma 043. Si se sabe cuál es el origen del problema y su solución complementaria es, no aplicarla parece burla para los ciudadanos, para quienes respiramos cada día un aire más denso.

Desde que se detonó la crisis ambiental, que a diario pone a los ciudadanos a revisar qué día dejarán de circular, hay nuevos y distintos sospechosos de ser los responsables de la polución: el transporte particular, el de carga, el público, la quema de pastizales y ahora la industria. Pero en esta rueda de culpables hay responsabilidades como la corrupción en los verificentros, la nula verificación al transporte de carga y la vigencia caduca de un marco normativo tan deficiente para las exigencias contemporáneas.

Hoy queda claro que la responsabilidad no es de uno solo. Es del gobierno de la ciudad con su deficiente vigilancia de los verificentros; es del gobierno federal que ha sido incapaz de trabajar en coordinación con su contraparte local. Los más castigados, como siempre, han sido los ciudadanos que han lidiado con las políticas ocurrentes en una estrategia tan desarticulada que tiene a sus principales actores trabajando por separado sin un plan de largo plazo. Estamos a tres días de que llegue junio y se termine el plazo marcado para el endurecimiento del No Circula. Y conforme pasan los días, no hay evidencia de un trabajo coordinado y  mucho menos de un plan eficiente,  de largo alcance que dé solución al problema de la polución.


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