Siguen las malas noticias económicas

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Esos penosos datos evidencian la necesidad de una mayor inversión privada y de detener las políticas económicas suicidas como la contrarreforma eléctrica

Una aparente buena noticia: de acuerdo con las últimas cifras revisadas del Inegi, el producto interno bruto correspondiente al cuarto trimestre del 2021 no sufrió, como se estimaba, una contracción de 0.1% respecto al PIB del trimestre anterior de ese año; de hecho, al parecer no bajó ni subió. Esa es la buena, pero la mala es que la caída del PIB entre el tercer y el segundo trimestre del 2021, que se estimaba había sido del orden de 0.4%, resultó haber sido del orden de 0.7%. O lo que es lo mismo, las cifras revisadas nos ofrecen un escenario peor al que se pensaba antes.

Pero siendo así, ¿cuánto realmente creció (rebotó) la economía en el 2021? La respuesta es 4.8%, aunque casi todos los analistas siguen afirmando que fue 5%. La razón de la confusión es que emplean en su cálculo las cifras “desestacionalizadas” por el Inegi, como las mencionadas en el párrafo anterior, las cuales solo deben emplearse para comparaciones trimestrales. Lo correcto es consultar el sistema de cuentas nacionales cuando del PIB anual se trate. De esa fuente oficial puede afirmarse que, tras una caída del PIB del orden de 8.2% (no 8.4% como se dice) en 2020, siguió un rebote del orden de 4.8% (no 5%) en 2021.

Las malas noticias anteriores suenan, y son, un tanto lejanas para la gente, pues el PIB es tan solo una medida agregada de la actividad económica. Pero lo que más importa para la mayoría de los mexicanos es, al final del día, si hay empleos disponibles y cuáles son los salarios correspondientes. Respecto a este tema fundamental, el Inegi tampoco tiene que ofrecer, desgraciadamente, datos muy halagüeños. De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, la situación laboral sigue siendo un problema.

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La buena nueva es que las últimas cifras laborales indican que los empleos en el sector formal y en el informal ya regresaron a los niveles de hace dos años, antes de la crisis por la pandemia: alrededor de 25 millones en el caso del sector formal y 31 millones en el caso del sector informal.

Pero también hay algunas malas noticias. Para empezar, el que se haya regresado en el sector formal al nivel de empleo antes de la pandemia, no es suficiente. Durante esos dos años, de haber seguido con la anterior senda de crecimiento, debieron haberse creado alrededor de 600 mil nuevos puestos. Para continuar, los salarios que corresponden a los nuevos empleos formales tienen una estructura salarial más baja que la que se tenía con anterioridad. La mayoría de los nuevos asalariados tienden a tener ingresos mensuales de a lo sumo dos salarios mínimos.

Esa precariedad laboral, para calificar de manera elegante el empobrecimiento de los trabajadores, es aún más notoria en el sector informal. Hay que recordar que los 31 millones de mexicanos que trabajan hoy en el sector informal no solamente no cuentan con seguridad social alguna, sino que tampoco tienen protección laboral alguna. Más aún, casi 14 millones de trabajadores mexicanos perciben a lo sumo un salario mínimo al mes.

Esos penosos datos, junto con muchos otros, evidencian la necesidad de una mayor inversión privada y de detener las políticas económicas suicidas como la contrarreforma eléctrica.


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