¿Salud como en Dinamarca?

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La enorme distancia qué hay entre las declaraciones del candidato López Obrador y las realizaciones del actual inquilino de Palacio son de no creerse. Como candidato presentó atinados diagnósticos de la realidad nacional, describiendo fallas, abusos y omisiones. Despertó conciencias sobre lo que había que cambiar, incluyendo la descripción de males, sospechosos y culpables. Supo encontrar una narrativa que encandiló a buena parte de los ciudadanos al tiempo que organizó su equipo electoral, y ha logrado mantener el interés nacional con sus “mañaneras”.

Nadie le discute su habilidad para cautivar a las masas y dividirlas entre “buenos” (él y el pueblo) y “malos” (fifí, conservadores, neoliberales y una larga serie de epítetos). Cada mañana alimenta a los medios relatando lo sucedido según su visión, aunque no coincida con la realidad; si alguien argumenta, evade el comentario diciendo que él tiene otros datos. No le importa que los datos correctos sean producto de su administración y los de él (los otros datos) sólo existan en su imaginación.

En vez de gobernar a través de un gabinete de conocedores sensato y sabio, dirige a sus Secretarios a través de una perorata diaria, incluso los corrige. Así ha sido el caso de varios de ellos, y recientemente de la Secretaria de Economía y el proyecto trabajado con funcionarios de la Unión Europea para reducir accidentes a través de revisiones obligatorias de vehículos. Difícilmente acepta consejos aunque no sepa mayor cosa del asunto; así le fue primero con Trump, donde lo doblaron, y ahora en su reciente reunión con Biden desperdició la oportunidad de encontrar un camino beneficioso para ambos países, prefiriendo leerle una larga y aburrida clase de historia… de Estados Unidos.

Aparentemente el inquilino de Palacio no entendió los mensajes recibidos durante la visita: no fue recibido como jefe de Estado. No fue hospedado en la Casa Blair, el presidente Biden no salió a recibirlo a la puerta de la Casa Blanca y no hubo conferencia conjunta al término de la visita. Peor aún, no hubo intento para encontrarse con el Congreso o alguna de sus comisiones, reconociendo así la importancia de éste al menos para aumentar el número de permisos de inmigración. Cree que en otros países el Congreso sólo está para ratificar los deseos presidenciales.
Por la improvisación acostumbrada por el inquilino no aceptó ninguna recomendación para abordar un tema de mutua conveniencia para los dos países: cómo atraer las inversiones que están abandonando China. No se supo de intento alguno para promover la inversión (y sobre todo el empleo) en México, que además apoyaría los esfuerzos de Biden para disminuir la dependencia de China.

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Con este gobierno la Seguridad, la Educación y, sobre todo, la Salud han resentido la falta de apoyo, no sólo en lo presupuestal también en el suministro de medicamentos y demás insumos necesarios para atender a los millones de mexicanos sin seguro médico. Hospitales y clínicas carecen de actividad médica por falta de insumos mínimos al tiempo que largas líneas de pacientes esperan infructuosamente atención de calidad. No se ha logrado un sistema de Salud como el de Dinamarca como prometió el candidato López Obrador en campaña. Es más, la calidad de nuestro sistema de Salud está por debajo del proporcionado en tiempos del Dr. Zedillo hace 25 años.

En los casi dos años que aún tiene este gobierno no se ve el interés por mejorar el sistema de Salud pues está ocupado en temas de “seguridad nacional” como el Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas y las vías de acceso al elefante blanco del AIFA. ¡Adiós Dinamarca!


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