Rumbo a Iowa

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Faltan todavía nueve meses para que den inicio las precampañas presidenciales en Estados Unidos y el entorno político comienza, desde ahora, a encenderse.

Cada vez es más frecuente encontrar en la cobertura mediática de ese país, los posicionamientos de aspirantes demócratas y republicanos, así como la comunicación estratégica que ejecutan sus equipos de campaña de cara a la primera contienda interna que cada partido sostendrá en Iowa, hacia la tercera semana de enero de 2016.

Del lado demócrata, la estrategia de Hillary Clinton ha hecho ver a sus rivales como débiles e inviables. En el camino está el vicepresidente Joe Biden, por mencionar un nombre de una lista integrada por gobernadores, senadores y otros liderazgos demócratas con escaso margen de maniobra.

Hillary sabe que para llegar a Iowa lo que falta es tiempo, y que cualquier error puede poner en riesgo su liderazgo y, por lo tanto, en su mensaje evita comprometerse con posturas políticas de fondo. Tampoco tiene control sobre las decisiones del gobierno estadunidense, ni está clara la valoración de la ciudadanía sobre el mismo, lo que la obliga a tomar mayores precauciones por si el camino es la diferenciación.

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Su estrategia está concentrada en revertir los atributos negativos que el electorado le ha asociado como persona a lo largo de su trayectoria política. Hillary persigue un rostro distinto en 2016. Hace todo a su alcance para mostrar su empatía con el estadunidense promedio. En su mensaje se empeña en destacar el espíritu de lucha académica y social, la participación de su padre como marino en la Segunda Guerra Mundial, el involucramiento de su madre en el pequeño negocio familiar, así como su asistencia a un acto de Martin Luther King que “le ayudó a desarrollar una pasión, de por vida, por la justicia social”.

El mensaje verbal y escrito es consistente con su imagen. Ataviada con ropa de uso común suele presentarse en los lugares tradicionales para cenar. A principios del año pasado, confesó ante una asociación de vendedores de vehículos que no manejaba un coche desde 1996, pero para su primer gira de precampaña, llegó a Iowa por carretera junto con dos colaboradores. En una de sus paradas, haciendo un doble guiño a la comunidad latina y a la clase media, pidió comida en Chipotle, la cadena más grande de comida rápida mexicana en los Estados Unidos.

Del lado republicano el juego político es más interesante. Si bien existe un contendiente que tiene un reflector natural, por ser hijo y hermano de presidentes norteamericanos, la candidatura de Jeb Bush depende de la colocación ideológica que haga frente al voto conservador, así como de su capacidad para sacudirse los atributos negativos del legado Bush en la Casa Blanca.

El exgobernador de Florida intenta ubicarse como un candidato de centro derecha, y —a diferencia de Hillary— debe hacer públicos sus criterios de política pública para ganar credibilidad. Propone un gobierno con responsabilidad fiscal, que impulse una “reforma migratoria justa” y aumente la protección para adultos mayores. En el rubro de reconocimiento de derechos a la comunidad lésbico-gay, ha moderado su postura al señalar que si bien respalda el matrimonio tradicional, reconoce a las parejas del mismo sexo.

Uno de los activos de Jeb es su esposa Columba, mexicana, que le da espacio en los círculos latinos. En contraste con Hillary, Bush dice que él no necesita de fotografiarse en un restaurante Chipotle, porque la comida mexicana la disfruta en su casa.

Jeb Bush enfrentará a Marco Rubio, senador y protegido político del mismo Bush, con el que disputará parte de su base electoral. Si bien no es muy apreciado por la comunidad latina, el senador Rubio se plantea como el candidato de la clase media, frente los candidatos del sector poderoso estadunidense. En pleno contraste con la dupla Bush-Clinton, Jeb, en una postura conciliatoria, le dio la bienvenida a la contienda pero le auguró éxito para la carrera en 2024.

Otros republicanos despliegan su estrategia como Ted Cruz o Rand Paul, ambos senadores que cuentan con la ventaja de poseer considerables niveles de financiamiento electoral y maquinaria partidista. Personajes que, en ocasiones, apelan a los sectores más conservadores de la clase política estadunidense y, en otras, recurren a los errores de sus rivales para escalar posiciones en la carrera por la presidencia.

La carrera por la presidencia de EU apenas empieza. Para México será imprescindible el análisis del proceso y de la evolución de la opinión pública. Y eso se debe a que serán estas personalidades las que serán clave del sistema político estadunidense  y, en los próximos años, determinen la relación que ese país tendrá con el nuestro.


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