PAN: la encrucijada de su historia

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El PAN llega a su 75 aniversario en un momento clave de su historia. Después de encabezar la transición a la democracia, haber gobernado 12 años e impulsar importantes reformas para la transformación de México. El PAN se encuentra en una encrucijada: o es capaz de recobrar la confianza de los ciudadanos o se convertirá en una fuerza política cada vez más disminuida electoral y moralmente hablando. En su trayectoria histórica el PAN tiene muchos motivos de los cuáles enorgullecerse. Fuimos el partido que impulsó la transición a la democracia derrotando a fuerza de votos a la “la dictadura perfecta” e hicimos realidad el principio constitucional de división de poderes. Impulsamos una agenda de transparencia y rendición de cuentas, y  se condujo la economía de manera responsable. En nuestros gobiernos se alcanzó la cobertura universal en educación básica y salud, logros que en 200 no se habían logrado.

Ahora, en esta etapa como oposición, nuestra presencia en la vida pública de México sigue teniendo pleno sentido porque muchas de las razones que impulsaron a los fundadores a conformar Acción Nacional siguen vigentes. Si en el 39 lo que se buscaba era un régimen democrático, hoy hace falta perfeccionarlo; si Gómez Morin consideraba que, “lo más urgente era crear conciencia ciudadana, para que los mexicanos se percataran de los problemas que tenía el país y despertara en ellos el deseo de participar en la solución”, o si Manuel Ulloa decía que el objetivo del PAN era “transformar una realidad adversa para el hombre, para su familia, para toda comunidad, en un medio apto para el florecimiento de los valores positivos que integran el bien común”, ambos atestiguarían que estos propósitos siguen siendo una tarea pendiente. Muchas de las primeras causas que aún no se resuelven, y las actuales, requieren de un PAN fuerte, trabajando con unidad de propósito y concentrado en seguir dándole bienes públicos a México.

Pero Acción Nacional sólo podrá hacer honor a su historia y ser opción de futuro, si es capaz de ser fiel a sí mismo. Al interior, los panistas tenemos que cambiar muchas actitudes y dinámicas autodestructivas. En los últimos años hemos generado una descomposición interna que urge revertir antes de que sea demasiado tarde. El PAN tiene que retomar los principios que le dieron origen y por los cuáles ganó la confianza de los ciudadanos.

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En este sentido, hay cuatro grandes líneas de acción que debemos realizar si queremos seguir adelante:

En primer lugar, es necesario reconstruir la unidad interna, teniendo capacidad de resolver nuestras diferencias. Los procesos internos de selección de candidatos y dirigentes deben ser nuestra fortaleza, no nuestra debilidad. Vivir en conflicto permanente es un juego en el que todos perdemos. Pero la unidad sólo puede construirse si reconocemos y asumimos los principios y propósitos que nos identifican, así,  las diferencias pueden ser más fáciles de superar en aras del bien común.

Tenemos que asumir la ética como criterio de actuación, porque la fortaleza del PAN está en su alma.  Hoy más que nunca son elocuentes las palabras de González Luna: “La actividad política, para nosotros y para todo político honrado, no es ni afán egoísta, ni aventura banal… Es actividad noble, actividad empapada de consecuencias graves, actividad dirigida a una realidad viviente que merece respeto y que exige desinterés y generosidad”.

En tercer lugar, los panistas tenemos que volver a priorizar en nuestro discurso y en nuestra agenda política las preocupaciones y las demandas legítimas de los ciudadanos. Debemos dejar de mirarnos a nosotros mismos para salir al encuentro de las preocupaciones de la gente. Abanderar causas justas y renovarnos con nuevos cuadros ciudadanos son parte de los desafíos.

Finalmente, el PAN debe asumir como una de sus máximas prioridades el formar a sus cuadros. Durante muchos años Acción Nacional se distinguió por tener entre sus filas a los mejores legisladores, hombres y mujeres de estudio y compromiso que, si bien, no ganaban las votaciones, siempre ganaban el debate. También nuestros primeros gobernadores y alcaldes destacaban por su eficacia en la conducción de la administración pública, y por su cercanía con la gente, el famoso “Miércoles Ciudadano” es un ejemplo de programa modelo.

En nuestro 75 aniversario debemos reconocer que aunque el pasado del PAN nos llena de orgullo e inspiración, a los panistas de hoy, nos toca, como decía Carlos Castillo Peraza, “preservar el futuro por la acción responsable del presente”. Confío en
que para Acción Nacional vengan grandes páginas por escribir.


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