Otra raya más a la cebra

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Por: Alejandro Díaz

La decisión presidencial de hacer caso omiso del llamado de médicos, científicos y académicos para tomar medidas para enfrentar la pandemia es su más reciente agresión al sentido común. A contrapelo de opiniones científicas probadas, de amplias investigaciones y de exitosas experiencias en otros países, prefiere seguir sus ideas primitivas. Los resultados de ese actuar son catastróficos para México. No sólo carece de una estrategia adecuada sino de políticas bien pensadas y llevadas a cabo. Él no es culpable de la pandemia pero sí del desastroso manejo que su necedad ha conducido.

Sigue rechazando el uso de cubre bocas, de la realización masiva de pruebas a la población y de aumentar recursos a Salud. tanto para medicamentos como para insumos hospitalarios. Dice que será la vacunación la que permita librar la pandemia pero omite decir que las que han llegado cubren menos del 0.6 % de la población. Inclusive, aunque presume el subsecretario Gatell que ya hay más vacunados que infectados, es una inexactitud completa: hay casi dos millones de contagiados y no se han podido vacunar ni a 750 mil personas.

No hay un plan estructurado de vacunación y al paso que vamos tardarían 168 meses (14 años) en tener vacunados a los 126 millones de mexicanos si recibieran una sola dosis. En cambio, si se emplearan las clínicas del Sector Salud –tanto del federal como estatales- que tienen amplia experiencia vacunando se podrían inmunizar a todos los mexicanos en 4 o 5 meses, con dos dosis inclusive, pero claro, sin servir para propósitos electorales.

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Las políticas públicas son para solucionar problemas y atrasos que sufre la población, para crear y mantener infraestructuras que faciliten la vida a todos, y sobre todo para promover el bienestar general. Pero en este sexenio no se ha intentado disminuir la miseria ni la pobreza, sólo administra ésta con propósito electoral. Absurdas acciones en varios campos causan molestia en amplios sectores de la población que pareciera no es manifesta, pero cada vez hace falte menos para que se den protestas sociales sin control. Conforme haya más fallecimientos por COVID se verán afectados más ciudadanos.

Ya somos el tercer país con más fallecidos por COVID y el que carga con la mayor tasa de mortalidad del mundo. Por eso el gobierno está obligado a cambiar su estrategia: más prevención (cubre bocas obligatorio y millones de pruebas), así como una vacunación intensiva. De no hacerlo pronto tendremos más de medio millón de fallecidos, o quizá más del millón aunque suene cruel.

En realidad quien es verdaderamente cruel es quien no cumple su deber y no hace lo suficiente para proteger a la población. En sus espaldas ya carga con 170 mil fallecidos por COVID (oficialmente, pero son muchos más no reconocidos aún) además de otros 72,000 homicidios por la también fallida estrategia de seguridad. Todo por terco y falto de voluntad, no puede aducir falta de recursos. Éstos los está aplicando a los proyectos faraónicos de Dos Bocas, el aeropuerto Felipe Ángeles y el controvertido Tren Maya cuando sus únicos megaproyectos debieran ser Salud y Seguridad, a los que podría adicionar apoyos a las más de 650 mil personas que perdieron su empleo.

El titular del Poder Ejecutivo ya tiene más rayas sobre su cuerpo que una cebra, no le hace falta que le agregue ninguna más porque podría parecer otro animal menos digno,

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