miércoles, abril 15, 2026
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No son eternos

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A pesar del control de las instituciones, la eliminación de la división de poderes, la ausencia de contrapesos, la persecución de disidentes, la censura en los medios y la competencia desigual, Viktor Orbán perdió por paliza la elección tras 16 años de gobernar Hungría.

Es una derrota emblemática, simbólica e histórica, pues no se trata de un déspota cualquiera, hablamos del pionero, precursor e ideólogo de la ola de populismos autoritarios que reconfiguraron al mundo en el primer cuarto del siglo, haciéndose del gobierno por la vía electoral, aprovechando las condiciones de equidad de la democracia liberal, para luego desmantelar a ésta con la intención de perpetuarse en el poder; el mismo proceso que hemos visto en México.

Orbán acuñó el término “iliberal” para referirse a los regímenes que practican elecciones, pero combaten los valores políticos del liberalismo, tales como el reconocimiento y respeto de las minorías.

Pueden reivindicarse de izquierda o de derecha y, por tanto, tener diferencias ideológicas, pero comparten el encumbramiento de un líder mesiánico, la estrategia de polarización social que degrada moralmente a quien discrepa y el uso faccioso del aparato de Estado que borra fronteras con el gobierno y el partido oficial.

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No aceptan la existencia deneutralidad o imparcialidad en ningún cargo, profesión o función del Estado y menos aún del gobierno; a quienes así se asumen los ven como simuladores que deben ser purgados y, a quienes les creen, ingenuos.

Convertir al sector público en botín de secta ya es ominoso, pero no les basta.

Exigen y presionan a la sociedad para también tomar partido, premiando a empresarios que aceptan las reglas y aportan su moche a cambio de contratos sin licitar, promoviendo sindicatos blancos y clientelas para movilizar en las elecciones. Los que no se someten deben afrontar las consecuencias porque el poder populista solo ve dos categorías y como tal las trata: adeptos o enemigos.

Usan al fiscoy a las fiscalías como arma para castigar y alinear inconformes, congelan cuentas discrecionalmente y acosan a periodistas y críticos con el potente aparato de propaganda, en ocasiones detonado desde la misma jefatura del Estado, mientras financian al periodismo militante.

 Si nos parece conocido es porque se tratadel manual populista que hemos padecido durante los siete años y medio de obradorato, el cual responde a la ambición de concentrar el poder, extender sus alcances y jamás soltarlo.

La derrota de Orbán se explica por tres fenómenos: corrupción desatada, predilección por Europa en contraposición a Rusia y ruptura del bloque gobernante.

 Putin vio caer a su principal aliado en la Unión Europea y Donald Trump al referente internacional más importante de MAGA.

Los húngaros vencieron en las urnas al candidato de las dos potencias. No es cualquier cosa.

Con el resultado, Ucrania se fortalece y Europa se libra del principal obstáculo interno para respaldarla económica y militarmente.

 El respiro para esa nación llega en un momento inmejorable, pues cada vez es más notoria la presión norteamericana para que acepte entregar territorios a Rusia a cambio de una paz frágil y efímera.

Péter Magyar, el próximo Primer Ministro de Hungría, viene del orbanismo e incluso su esposa renunció al gobierno hace apenas dos años.

El creciente malestar por la degradada situación económica en un régimen estructural y sistemáticamente corrupto le dio la plataforma para romper y enfrentar al líder con éxito.

 En México los incentivos de la unidad en la coalición gobernante se vislumbran cada vez más endebles, la economía está estancada, la inflación al alza y la corrupción desbordada. Muchas cosas pueden pasar.

Las elecciones húngaras son una buena noticia para la democracia liberal que lleva dos décadas bajo asedio.

A las autocracias populistas se les puede vencer en las urnas a pesar de que jueguen con infinidad de ventajas indebidas y tengan a los árbitros de su lado. Cuando las sociedades irrumpen para tomar el destino del país en sus manos, no hay trampa que las detenga.

 El mundo está cambiando de manera frenética en infinidad de ámbitos. Ahí está una oportunidad que ojalá aprovechemos los mexicanos.

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