No simplifiquemos: no es Amlo ¡es Morena!

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Cuando observamos algún fenómeno solamente en su parte más visible, decimos que vemos “la punta del Iceberg”. Que lo que vemos no es ni el todo y ni siquiera su tamaño real. Y así, cuando se señala como responsable de los grandes daños que la actual administración pública ha causado a México, irse en contra de Andrés Manuel, es atacar solamente la parte superior de esa punta del Iceberg.

Si de pronto faltara el presidente, digamos que le diera un infarto fulminante (lo cual es posible, dicen médicos, por su estado de salud), la tragedia de la destrucción del país no se acabaría. Él es sólo la cabeza visible de una gran organización en el poder, o más bien en los poderes, el ejecutivo y el legislativo.

Para que se lleven a cabo las políticas actuales de gobierno en contra del bien común de México, y para que se aprueben leyes, reformas a la Constitución federal y cambios en reglamentos, no basta que así lo pida Andrés Manuel: todo un gran ejército de sumisos y cómplices lo llevan ciegamente a cabo. A ello se suma otro ejército interno y externo de manipulación mediática y cómplice en actividades de “apoyo” popular.

Esto no solamente no lo entendieron quienes apoyaron las campañas para votar en la revocación de mandato, sino que ni siquiera lo visualizaron para tomarlo en cuenta. Creyeron que sacando a Amlo, las cosas cambiarían, aunque el control político siguiera en manos de Morena. Una ingenuidad llevada al máximo.

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Si Amlo es el responsable de ordenar políticas en contra del interés nacional, quienes lo obedecieron o simplemente comparten sus ideas, son tan o más responsables que él, pero es una responsabilidad digamos diluida entre muchos, pero real. Si Amlo ordenó destruir una Reforma Educativa “sin cambiarle ni una coma”, los responsables fueron los sumisos legisladores que le obedecieron, sin aceptar ningún argumento en contra de esa locura. Algo más, importante: muchas de las fallas del gobierno son por iniciativa propia de miembros de Morena.

No podemos pensar que todo ese ejército de sumisos legisladores y “servidores” públicos en todos los niveles de gobierno sean descerebrados, ignorantes o idiotas (aunque algunos lo sean). No, son irresponsables en contra del interés popular. Y no es aceptable pensar que un funcionario público o legislador deba obedecer sin cuestionar las órdenes del jefe supremo, eso es violar el juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen.

Si se piensa que denunciar o hasta agredir al presidente basta para que quien él designe (entre sus actuales o futuras “corcholatas”) pierda la elección en el 2024 (o también las del 2023), están gravemente equivocados. No hay manera de imaginar, dada la experiencia vivida de cómo piensan, actúan, legislan y gobiernan en Morena, que sin Amlo tras el 2024, la gente de Morena pueda cambiar porque él ya no está en la presidencia.

El presidente ordena y los lacayos (es correcto llamarlos así) obedecen sus locuras. Sus líneas de gobierno llevan implícita la práctica de la corrupción y su hermana la impunidad, el desvío de recursos del erario de sus finalidades presupuestadas a las obras faraónicas o a comprar votos con dádivas de apoyos populares. Y antes de ello, serviles legisladores de Morena y sus aliados proponen, discuten (o hacen como que se discute) y aprueban presupuestos de egresos que desde ese origen ya van en contra de los intereses del bien común. Dándole cada vez menos asignaciones por ejemplo a la educación, a la salud, a la creación de empleos o a la seguridad desde el nivel municipal, es Morena como organización política la responsable de esas vergonzantes decisiones.

Las denuncias públicas, las quejas, los reclamos de la población por las fallas de gobierno no bastan con señalar al actual presidente morenista, deben señalar a ese ejército ya mencionado de serviles llamado Morena. Si se desea cambiar el control del gobierno para evitar que quede en 2024 en manos de los seguidores sumisos y sin conciencia, es indispensable difundir a los cuatro vientos la verdad de que el mal gobierno no se llama López Obrador, sino que se llama Morena.

Votar a favor de los candidatos a legisladores locales y federales morenistas, sería asegurarles que puedan seguir haciendo lo que les dé la gana con la Constitución y sus leyes secundarias y reglamentarias. Votar a favor de candidatos a gobernadores y alcaldes con mente morenista, es asegurar que la destrucción tan real como es visible continúe derrochando recursos y olvidando necesidades populares.

Fuera de la organización formal llamada Morena, hay una multitud de millones de fanáticos que, al apoyar al presidente, sin darse cuenta apoyan la destrucción nacional que hace una estructura de gobierno y de legislación, que es Morena. Quienes aceptan sin cuestionar leyes o medidas de gobierno en contra del pueblo, son la gran fuerza de que se vale el partido Morena para manipularlos, principalmente al regalarles dinero, pero no darles buenos servicios públicos como los de salud o seguridad.

Abundan las acusaciones, con buenas razones, de que Andrés Manuel está coludido con el crimen organizado y que por eso les deja hacer lo que les venga en gana contra la población. Personalizando esa colusión, dejan de lado las abrumadoras evidencias de que dicha colusión se da con muchos funcionarios públicos federales y locales miembros del partido Morena. El presidente, solito, no podría dar una protección a los criminales, necesariamente se lleva a cabo por muchos, pero muchos personajes morenistas y de los cómplices que tiene en el Ejército y la Armada (para desgracia de miles de buenos militares y marinos, y hasta de la Guardia Nacional). Los millones de pesos donados por el narco van a Morena, bien repartidos, no se centran en el presidente.

Volviendo al principio: la cabeza actual del problema es el presidente López Obrador, pero él y sus principales operadores en el Ejecutivo y en el Legislativo son sólo la tal punta de un enorme Iceberg llamado Morena. Y ese gran Iceberg es el que daña, ya en la vida real, cotidiana, al bien común de México. Todo un ejército de serviles a los caprichos, intereses, compromisos y deseos de López Obrador es el responsable del daño hecho a México. Así que no caigamos en simplismos: el problema no es López Obrador, él es sólo su cabeza, lo es el partido Morena y sus muchos cómplices externos que de él se benefician.


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