¡No! al ímprobo llamado del secretario de la Defensa

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Por: Diego Fernández de Cevallos

Para tener certeza de que no estaba distorsionada la información dada al respecto, analicé varias veces el discurso del secretario de la Defensa Nacional en la Plaza de la Constitución con motivo del aniversario 111 del inicio de la Revolución mexicana.

Hallé, para mi sorpresa, en medio de lo que iba siendo un buen discurso, que el referido secretario se tomó la licencia de hacer una arenga a todos los mexicanos para unirnos —dijo— “al proyecto de nación que está en marcha” y que encabeza el Presidente de la República.

Me es difícil expresar, sin maldiciones, la indignación que me produjo tamaña agresión a mi condición de ciudadano, como lo es, también, para muchos millones que vemos en ese “proyecto” la artera devastación de las instituciones y la ruina del país.

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No fue un exceso oratorio o un gazapo del secretario, fue un exhorto directo que trató de justificar con soflamas y martingalas, como: “la reserva cultural y el legado histórico”.

Además, ese proceder implicó una violación flagrante al artículo 17 de la Ley de Disciplina del Ejército y Fuerza Aérea, que le tiene “estrictamente prohibido inmiscuirse en asuntos políticos, directa o indirectamente”, por lo que está sujeto a la medida correctiva que debe imponerle el Consejo de Honor.

Cuando dijo “las fuerzas armadas y la Guardia Nacional vemos en la transformación que vive nuestro país… el bien de la patria”, se trató de una expresión afrentosa y degradante para tales instituciones y quienes las integran, porque él no puede decir lo que piensan cientos de miles de inteligencias. Está obligado a respetar el criterio personalísimo sobre la dolorosa situación que padecen ellos, sus familias y México, y sobre las políticas públicas que consideren, in pectore, “para bien de la patria”. Esos hombres y mujeres uniformados sí entienden que para ser leales a México deben ser políticamente neutrales, salvo en el silencioso y privado momento de sufragar en las elecciones.

Precisamente por el respeto y gratitud que profeso —como muchos millones de mexicanos— a nuestras fuerzas armadas, me resulta execrable que el secretario de la Defensa nos pida sumarnos “con lealtad al proyecto de nación que está en marcha”. La historia nos enseña que cuando los militares se alinean a proyectos políticos de individuos o facciones, se corrompe la esencia de los ejércitos y surgen los gorilas uniformados; y más grave sería en este país, dominado por criminales —del gobierno y fuera de él— que humillan y matan a soldados, marinos y guardias, y siembran terror y duelo en la población.

Sería benéfico para los gobernantes recordar a Dante en La Divina Comedia, cuando exclamó: “¡Y cuántos se tienen en la Tierra por grandes reyes, y caerán como puercos en ese lodazal, no dejando de sí más que un horrible desprecio!”.


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