Ni triunfalismos ni derrotismos, realismo

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Por: Salvador I. Reding Vidaña

Un tema de discusiones de café y redes sociales, es quién ganó y quién perdió en las elecciones del 6 de junio, y según la emotividad o intentos de racionalidad de cada quien, esas serán las respuestas. Por razones de imagen, de preferencias o intereses políticos, los voceros o personeros de partidos políticos, o de sus aliados o simpatizantes, se dan principalmente casos de triunfalismo, si ganó la oposición o el partido del presidente. No es tan simple.

Frente a los triunfalistas están los derrotistas, desde frustrados, entristecidos y desaminados, hasta los pregoneros cotidianos del desastre, los fatalistas y amargados. Por eso es necesario tomar una posición fría y razonable, que pueda servir para tomar decisiones a corto y a mediano plazo y evaluar resultados..

El partido presidencial ganó muchas elecciones, de las locales hasta las de diputados federales. Pero de las federales no las que esperaba, y en principio perdió la mayoría calificada, esa que permite cambiar la Constitución federal. Pero tendrá suficientes votos para que el presidente controle y haga aprobar un presupuesto de egresos a su gusto y capricho.

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Así que la oposición ganó algo para detener algunos caprichos, pero perdió para que se aprobaran otros. Y en medio quedó un ganón con más curules que antes: el Verde, que se puede volver a vender sumiso a Morena o puede oponerse a éste. Y todavía el presidente puede ganar votos legislativos si compra voluntades entre diputados de oposición, como ya ha sucedido. Así que el quién gana y quién pierde todavía tiene posibilidades de cambio en la cámara federal de diputados.

El PRI y el PAN perdieron gubernaturas, allí el ganón fue Morena. Y también Morena ganó el control de muchos congresos locales (que apoyarán las órdenes del presidente). Y en las votaciones de Ciudad de México perdieron mucho el presidente y morenistas importantes, y eso deja lecciones a aprender.

Lo importante para tomar decisiones en la política nacional, y para saber qué esperar por la ciudadanía, interesada o desinteresada en la política nacional, es tomar bien en cuenta quién ganó y quién perdió qué, en materia de control político. Los extremos de triunfalismo o derrotismo no son buenos puntos de partida.

Y de allí surge una pregunta para los actores políticos: ¿se aprenderá de las derrotas y de las victorias? Es muy importante aprender lecciones y proponer e implantar medidas a corto y mediano plazo, para los próximos meses, y en vista a las elecciones de 2024. Y en medio están las elecciones de turno dentro de partidos políticos, que pueden fortalecer o debilitar y cambiar el poder interno.

Pero es necesario que el ciudadano que vota también aprenda algo de estas elecciones y de sus personales decisiones de voto. Que vea si lo pensó bien, si se dejó o no manipular por la propaganda política, y si debe cambiar de voto en las siguientes elecciones o defender lo defendido.

Pero si nos vamos al futuro trienio, en el camino iremos sabiendo, según los beneficios o daños al bien común, si la sociedad ganó o perdió y en qué cosas, nacional y localmente. En el camino andamos, como reza el dicho popular, no es un evento electoral solamente del 6 de junio, sino un proceso de vida nacional, que puede darnos buenas o malas sorpresas en los próximos meses, opiniones de triunfo o de fracaso, según puntos de vista o intereses personales y de grupo.

Mucho del futuro político y electoral de México dependerá del desempeño legislativo y de gobierno que los ganadores de partidos y alianzas hagan, para bien o para mal. Eso si las reflexiones se hacen con cabeza fría, o bien de las afinidades y lealtades políticas, de los fanatismos ciegos o de la celebración de los hechos de gobierno o legislatura.

Cada político, cada grupo o equipo de gobierno y cada diputado y grupo parlamentario, deberá esforzarse por el bien de México y no por el interés particular o de grupo. Y en eso, tanto los partidos como las organizaciones y líderes de la sociedad civil, y comunicadores influyentes, deben presionar por el buen proceder de quienes tienen o llegan a tener el poder de gobernar. Exigirles, o como se indica al tomar posiciones de mando, que la nación se los demande, que cumplan o se vayan.


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