Necesitamos repensarnos

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Sin duda que estamos pasando por una etapa de nuestra vida como nación más complicada, situación que se agudiza por la diferencia de opiniones vinculadas con los asuntos que hoy día enfrentamos. De entre esa gama de eventos, el más grave es el de las indefiniciones, el de los titubeos, el de no atreverse a tomar el toro por los cuernos por quienes tienen a su cargo dos de las tareas sustantivas del estado, entendido este como organización, que son administrar y gobernar. Y hacer como que se hace para finalmente no hacer nada, está crispando la paciencia – por cierto oceánica – de sectores de la sociedad, que ya están hartos de la corrupción y la impunidad que están pudriendo a nuestro país.

El llamado estado de derecho es un MITO en México, aquí la aplicación de la ley se tuerce a discreción, son los intereses cupulares los que se privilegian por encima de los de la sociedad, es decir de los gobernados. Y el resultado, es que hoy día, a pleno día, a la hora que se les pega en gana se puede atentar contra la vida, contra la propiedad, contra la libertad de las personas … Y NO PASA NADA.

Cada día que transcurre me convenzo más que no hay voluntad por parte de quien gobierna este país de delimitar y proteger a sus habitantes, aun cuando se trata de un ejercicio sustantivo de sus facultades constitucionales. El sociólogo Ulrich Beck creó un término: Sociedad de Riesgo, para referirse precisamente a una de las tendencias sociales más determinantes de nuestro tiempo. A través de ese concepto quería expresar lo inestable e imprevisible en que se ha convertido nuestro mundo. Al control lo ha rebasado el riesgo, a la autoridad la han rebasado la corrupción y la impunidad, subrayo.

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Como personas que somos es natural que nos acojamos a la seguridad de lo previsible, por eso hoy día, vivir en esta especie de sobresalto cotidiano, no solo nos desconcierta, sino que nos agobia. La confianza y la seguridad propia de la época de nuestros abuelos, de las “comunidades parroquiales” como las llaman los estudiosos del tema, son historia, hoy tenemos la inseguridad de las sociedades abiertas.

Jurgen Habermas, el filosofo y sociólogo alemán, ante esta realidad, recurrió a la expresión Patriotismo Constitucional para destacar, refiriéndose a la sociedad alemana tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial, la necesidad que había de dotarla de contenido de valores comunes, porque era esencial unir a las personas a través de estos, había que enseñarlos de nueva cuenta a compartir principios para que reaprendieran a convivir. Nosotros hoy día no venimos de una Guerra Mundial, pero si de una en la que la inseguridad pública se ha adueñado de nuestras calles, de nuestras casas, de una en la que el cinismo y la desvergüenza de las autoridades a cargo del gobierno y la administración, se han empeñado – y lo han conseguido – en hacer polvo la credibilidad y la confianza de los gobernados, con sus hechos absolutamente huérfanos de ética.

Somos un país enfermo de corrupción e impunidad, me parece que es tiempo de repensarnos, de hacer un recuento de lo que ha quedado de nuestra civilización, recordar que ésta no se impone por mandato, sino que se legitima en el ejercicio de la libertad democrática. Tenemos que recobrar los ingredientes básicos del civismo, como son la libertad, la igualdad, la fraternidad, porque son los que promueven la participación ciudadana en pos del bien común y de la inclusión social. Nos hemos desentendido de nosotros mismos, por eso la exclusión ha ido sentando sus reales, por eso hay tantos que no tienen NADA y unos poquísimos que tienen TODO. Necesitamos conjugar nuestras diferencias, no anularlas, ni mucho menos condenarlas, pero si acomodarlas, ajustarlas a los principios y procedimientos de una cultura democrática. O lo hacemos o nos atenemos a lo que estamos provocando que venga.


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