MVS: ignorancia, doble moral e hipocresía

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En toda democracia resulta no sólo cuestionable sino trágico que, por la razón que sea, se cancele un espacio periodístico, una voz o una pluma.

Mas si el espacio, la voz o la pluma se expresan en medios propiedad del Estado, las audiencias no sólo tienen derecho sino obligación de exigir al Estado reponer el espacio y el regreso de voces y plumas, ante la sospecha de represión y/o censura.

Pero si el espacio, la voz y la pluma se expresan en un medio privado -concesionado o no-, y el dueño decide cambios en voces, plumas, conductores o programación de una frecuencia de radio o televisión, ese empresario tiene derecho de hacer esos cambios, en tanto negocio privado.

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Y eso ocurre con más frecuencia de lo que muchos suponen. El caso emblema es el fin periodístico de José Gutiérrez Vivó, padre de las barras noticiosas de radio, a quien por diferencias editoriales, políticas y económicas destruyó Francisco Aguirre, dueño de Radio Centro, hoy propietario de un canal de televisión.

A la caída y supuesta censura de Gutiérrez siguió el enojo social; gritos que nada lograron. ¿Por qué? Porque en forma legal Radio Centro sacó del aire a Vivó y la violación del contrato se ventiló en tribunales. Antaño, igual que hoy, muchos acusaron al gobierno en turno de obligar a Radio Centro a censurar a Gutiérrez Vivó. Falso. ¿Por qué?

Porque Gutiérrez era aliado del gobierno en turno y porque el periodista era más incómodo para Radio Centro que para el gobierno. Y es que Gutiérrez perdió el piso y creyó que su poder periodístico superaba al concesionario. No entendió que sin el medio -prensa, radio, televisión o internet-, el periodista sirve de poco.

Con matices, la historia se repite cuando MVS choca con su conductora estelar -por diferencias en línea editorial y empresarial-, quien en un salto al vacío siguió los pasos de Gutiérrez -al creer que su poder era infinito-, y en un lance suicida apeló a que sus seguidores -ignorantes del fondo del conflicto-, presionaran al concesionario para seguir dañando a la empresa que pagaba a la conductora su salario.

Igual que en su momento hizo Gutiérrez, la conductora de MVS engaña a su audiencia con el cuento de la censura, cuando en el fondo jugó el juego de la doble moral propia de los políticos. ¿Por qué? Porque tanto MVS como la conductora son parte de una empresa privada que viven del dinero privado y público; porque la conductora tiene compromisos políticos y empresariales inconfesables, mientras MVS tiene compromisos políticos y comerciales ¿Cuáles compromisos?

Están a la vista de todos. ¿Cuándo vieron críticas de la conductora a Carlos Slim, a AMLO y su claque, a los socios de MVS? ¿Por qué la conductora de MVS no involucró a Méxicoleaks con CNN? Está claro, la conductora no come lumbre y sabía que su paga salía del plan de negocios y de los pactos comerciales de MVS con el poder en turno.

Más aún, todos los medios impresos -incluidos La Jornada y Proceso-, la radio, televisión e internet, tienen una línea editorial sustentada en su modelo de negocio, sus socios o accionistas y los acuerdos con el poder político en turno. ¿Y por qué rompen MVS y su conductora?

Porque igual que Gutiérrez Vivó, la conductora de MVS creyó que su poder mediático podía someter al medio; a MVS. Por eso, como cualquier empresa, MVS la despidió.

Lo curioso es que, hipócritas, seguidores de Carmen Aristegui condenan la supuesta censura en MVS, pero aplauden la dictadura y censura de Maduro en Venezuela. Al tiempo.  


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