Masacre en Texas

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En nuestro México, niñas, niños y adolescentes están siendo cada vez más agredidos. El crimen organizado les está utilizando como carne de cañón en enfrentamientos armados contra otros cárteles, o contra las fuerzas del orden (cuando eventualmente estas no salen corriendo).

El reclutamiento forzado de infantes por parte de estas bandas criminales también tiene por objeto usar a los pequeños como halcones, es decir, como observadores de las operaciones de las autoridades y de las bandas rivales para que les den aviso oportuno de ellas. Todo esto es una verdadera crueldad y una locura que tenemos que erradicar a cualquier costo.

Dicho eso, no deja de llamar poderosamente la atención lo que sucede en el vecino país del norte con los cada vez más frecuentes tiroteos y masacres a manos de algún tirador solitario, generalmente en el contexto escolar. Y llama la atención porque a diferencia de lo que ocurre en México, allá el problema no está relacionado con la delincuencia organizada, sino con una muy bien organizada industria armamentística que increíblemente sigue siendo tolerada y hasta defendida por la clase política, en especial por los republicanos. Lo que en este sentido están viviendo allá, también es una verdadera locura, una cosa demencial.

La facilidad con la que cualquier persona de 18 años o más puede adquirir un arma incluso de alto poder, es inaudita. Y la pregunta es evidente: ¿para qué diablos quiere un ciudadano común un rifle de asalto? Es obvio que solo una tragedia puede ocurrir cuando una sociedad en la que son frecuentes los padecimientos mentales, está armada hasta los dientes con rifles de ese tipo, y sin control alguno. En Texas, por ejemplo, la ley permite a sus ciudadanos poseer armas sin necesidad de entrenamiento previo, permiso alguno, o verificación de antecedentes penales, y además, ¡portarlas en público! ¡como si del lejano oeste se tratase!

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Según estimaciones de sitios especializados, el 37% de los ciudadanos estadounidenses poseen armas. Es verdad que esto deviene de un asunto histórico y cultural. El pueblo americano se forjó colonizando territorios de este a oeste avanzando en lo que ellos denominan “las fronteras”, y en constante lucha armada contra los nativos a los que iban desplazando y masacrando. En parte esto explica que luego se hayan convertido en un país guerrero que ha enfrentado un sinfín de situaciones bélicas. Así se fue gestando esa propensión americana por justificar la tenencia y uso de armas para la supuesta defensa personal, de la familia y de la propiedad. Sin embargo, a estas alturas de la historia, y tras los cotidianos eventos dramáticos que experimentan, ya no se explica cómo es que siguen defendiendo esa política interior.

En lo que pareciera una película de horror, el martes pasado un chico de 18 años de edad masacró a 19 niños y dos maestras en una escuela primaria de Uvalde, Texas. El arma era tan poderosa que ha sido difícil identificar a los cuerpos.

Luego de la tragedia, el presidente Joe Biden llamó a fortalecer el control de armas, pero el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, lejos de hacer lo propio, defiende su flexibilización. De hecho, antes había llamado a los texanos, a través de su cuenta de twitter, a comprar más armas porque le daba vergüenza que California fuera el número uno en ese renglón, y Texas el número dos. Y para colmo, en un acto de verdadera insensibilidad, este fin de semana será orador, junto con Donald Trump, en la convención de la Asociación Nacional del Rifle, que se celebrará en Houston.

La Asociación Nacional del Rifle es una poderosa organización que se ha constituido en la principal defensora del derecho a poseer armas, pero todo indica que sus operaciones y cabilderos son financiados por la industria de las armas, una industria de miles de millones de dólares a la que le resulta sencillo financiar campañas de políticos republicanos. Una bicoca.

Insisto, cuando en México la violencia contra la infancia proviene principalmente de la delincuencia organizada, en Estados Unidos tiene su origen en organizaciones, empresas e intereses perfectamente legales. ¡Y no hacen nada al respecto!

De acuerdo con la organización Gun Violence Archive, tan solo en lo que va de 2022, ya son 650 los menores que han muerto en este tipo de ataques en los Estados Unidos; 509 eran adolescentes de entre 12 y 17 años, mientras que 141 tenían menos de 11 años de edad. Si estos datos no estrujan el corazón de los políticos norteamericanos, nada lo hará.


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