Los mensajes del Papa, el cinismo de los políticos y una lamentable omisión

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Vale la pena citar algunos mensajes del Papa Francisco.

Aún y cuando la presencia del Papa Francisco en nuestro país provocó cierta confusión, pues no quedó claro si se trató de una visita pastoral o de estado, y también algunas críticas principalmente en círculos académicos e intelectuales por la utilización de recursos públicos así como la conducta asumida por funcionarios públicos en eventos religiosos que, desde su óptica, constituyó una vulneración al estado laico, me parece que no se puede cuestionar su relevancia y que se trata de uno de los líderes más importantes a nivel mundial tanto en el plano espiritual como en el político.

Una vez más el jesuita Jorge Mario Bergoglio mostró su habilidad para abordar con gran sutileza, pero igual claridad, algunos de los principales problemas que nos aquejan como nación. Escogió con sumo cuidado los escenarios, las palabras y el auditorio al que iban dirigidas. En estos 5 días se refirió a los privilegios, a la corrupción, el narcotráfico, a la migración; les habló a los jóvenes, a los indígenas, a las familias, a las víctimas de la violencia, a los enfermos y a la jerarquía eclesiástica que por su repercusión, vale la pena citar junto con los mensajes que pronunció en Palacio Nacional y en Chiapas.

En su primer día, el Papa dijo a los obispos en la Catedral Metropolitana «No le tengan miedo a la transparencia.La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar. Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundaneidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los carros y caballos de los faraones actuales”.

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Ante la clase política señaló que “La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano,la vida en sociedadse vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”.

Por su parte, en Chiapas afirmó que «Muchas veces, de modo sistemático y estructural, sus pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, sus culturas y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón!, perdón hermanos. El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita a ustedes”.

Los mensajes fueron precisos y los pronunció de cara a sus destinatarios, quienes forman parte de las élites de poder político, económico y religioso en México cuya única reacción fue, sobre todo, de quienes tienen una responsabilidad pública, subir las fotos en redes sociales -con su rostro adusto como si no se refirieran a ellos- para mostrar que pertenecen al selecto grupo de convidados.

No se podía esperar mucho más, por lo que cabría preguntarnos ¿qué trascendencia real tendrán las palabras del pontífice para modificar el estado de las cosas? Probablemente por sí solas muy poca, pero me parece que pueden convertirse en un poderoso acicate que contribuya al despertar que está viviendo nuestra sociedad que cada vez se torna más participativa y exigente.

Sin embargo, es de extrañar que un Papa que se ha caracterizado por hacer frente a los temas más sensibles aún a pesar de intereses y resistencias, no se haya pronunciado sobre los casos de pederastia en los que se han visto involucrados importantes miembros de la jerarquía católica como Marcial Maciel y tampoco sobre las denuncias que se han presentado por encubrir a sacerdotes como Nicolás Aguilar o Eduardo Córdova. Como él mismo ha dicho, el abuso sexual infantil nos debe llenar de dolor y vergüenza, y esta sin duda es una omisión muy lamentable que empaña la visita papal.


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