Los hechos son los que hablan

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Por: Esther Quintana Salinas

Uno de los reclamos más constantes de la población cuando se tocan puertas para solicitar el voto durante los procesos electorales, estriba en cuestionar: ¿Y por qué solo en esta época vienen a buscarnos y cuando llegan al cargo jamás se vuelven a parar? Y efectivamente, el grueso de los electos no regresa con quienes tienen el deber ineludible de rendirles cuentas y mantener informados de su actividad y desempeño en el Congreso. De ahí deriva en mucho el desafecto por la política y la pésima opinión que la mayoría de los mexicanos tiene de sus diputados. Y me centro en éstos, porque por mandato de ley son los representantes de la población, y partiendo de este entendido son los obligados número uno para abanderar y defender las causas de sus representados. No obstante, la ciudadanía no se siente representada, al contrario, se siente burlada, porque hay diputados comprometidos sólo con ellos mismos, con sus intereses, y lejos de reforzar la relación con sus representados, la hacen más distante, de ahí que los legisladores desconozcan los problemas de los sectores de su representación, de modo que resolverlos se convierte en utopía. El grueso de la población ignora quién es su representante de distrito y muy poco saben de sus funciones y facultades. Esto no debe seguir así, tiene que corregirse, o continuará siendo una farsa la llevada y traída representación. ¿Cómo? Con reformas legislativas. ¿Cuáles? Empezando por establecer con carácter permanente y obligatorio los debates públicos, sin limitación alguna entre diputados y ciudadanía, bajo formatos flexibles, para contrastar ideas y tomar decisiones sobre políticas públicas acordes a la situación que se quiera solventar.

¿Qué más? En el mismo sentido, hacer obligatorias las reuniones periódicas con sus representados, igualito que cuando se anda en campaña, dividiendo el distrito y calendarizando los encuentros. Terminar con el circo de los informes anuales en los que se convoca a los medios, amigos, parientes y correligionarios, para que vayan a aplaudirles, y cuyo financiamiento sale del bolsillo de los representados. Asimismo, determinar con carácter obligatorio visitas a escuelas primarias, secundarias y preparatorias, para ir familiarizando a niños y jóvenes con el quehacer político del cómo y el por qué, con la finalidad de darle un golpe de muerte a la indiferencia ciudadana para que las nuevas generaciones ponderen con conocimiento de causa la relevancia de su participación en los asuntos de su comunidad, a los que a la fecha millones de mexicanos les hacen el feo, contribuyendo a que a los cargos públicos lleguen inútiles, pillastres, arrogantes, y todo género de especímenes que han contribuido a convertir a una disciplina tan noble como es la política, en algo despreciable.

Se tienen que hacer reformas de gran calado al sistema político mexicano, el que existe ya está obsoleto, no es el idóneo para el siglo XXI. Hoy necesitamos que la sociedad se meta de lleno en sus intestinos y que verdaderamente la función pública sea transparente, no este amasijo de simulación y opacidad. Se tienen que impulsar comisiones ciudadanas para que se investiguen casos de corrupción del pasado y del presente, que se exponga públicamente a los corruptos y se les enderece el procedimiento judicial correspondiente. Y todo esto y más se puede hacer con normas jurídicas creadas por un Poder Legislativo integrado por personas pensantes y comprometidas con la gente, no con el gobierno en turno, como lo hemos visto por décadas y hoy más recalcitrante que nunca. No desperdicie su sufragio el próximo 6 de junio llevado por la consigna que anda corriendo en redes del voto útil, haciéndoles el caldo gordo a los tricolores. Aquí en Coahuila nunca ha habido equilibrio en el ejercicio del poder público, jamás ha existido otra mayoría que no sea la del Partido Revolucionario Institucional en el Congreso local, a las órdenes del gobernador en turno. Entonces ¿de cuándo a acá pretenden entronizarlos como adalides del contrapeso al Poder Ejecutivo en la Cámara de Diputados federal? “Es que se debe evitar que Morena alcance la mayoría, y por eso hay que votar por los candidatos del PRI olvidando rencores por gobiernos anteriores”, es el “argumento de marras”. La congruencia se traduce en los hechos, y la actuación del priato en nuestra entidad federativa no es ejemplo a seguir.

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