Los cuervos mal criados

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Por: Alejandro Díaz

Los problemas de violencia originados en la Normal de Ayotzinapa no son nuevos ni desconocidos para las autoridades. Sin embargo, ni el severo problema surgido en 2014 con los ‘43 desaparecidos’ hizo reaccionar con inteligencia a ninguna autoridad, ni escolar ni política. Aunque se generaron protestas por todo el país y se promovieron acciones judiciales, ninguna dejó satisfechos a la opinión pública o a quienes protestaban.

Podrán señalarse muchos culpables y muchos motivos de la desaparición de los estudiantes en ese momento. Ahora el activismo estudiantil sigue activo y muy presente en la vida regional. El incidente del pasado viernes 4 en la caseta de Palo Blanco de la Autopista del Sol es prueba de ello. Un hecho más de una larga de hechos ‘estudiantiles’ para obtener recursos ilegalmente. Las actuales autoridades federales, las directamente involucradas, sólo han dado débiles muestras de que atienden el problema y nuevamente pasan por alto el verdadero origen del problema

Por décadas la Escuela Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa ha estado asociada a luchas sociales identificadas con los guerrilleros Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. Sus alumnos sin llegar a definirse por la lucha armada para buscar un cambio de gobierno (o de sistema político), si han desarrollado tácticas ilegales, siempre toleradas por las autoridades.

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Si requieren transporte, secuestran autobuses; si requieren dinero, toman casetas o extorsionan comerciantes. Ocasionalmente la policía municipal de Iguala interviene para contener ilegalidades pero nunca ha logrado consignar a ningún ‘estudiante’. Tampoco lalicía estatal o federal ha logrado consignaciones; tarde o temprano la autoridad política deja en libertad a cualquier detenido. Con ese historial de impunidad no es difícil que crezca el número de acciones y de participantes.

En un aparente cambio de actitud de la autoridad federal, la Guardia Nacional (GN) hizo un tímido intento de inhibir la toma de casetas agrupando un numeroso contingente, superior al número estimado de estudiantes. Ya la prensa ha documentado la acción desesperada de los pseudo estudiantes: detuvieron un vehículo particular de carga, hicieron descender al operador, liberaron su sistema de frenos y lo apuntaron contra los agentes de la GN. Por casualidad no arrolló a ningún elemento en su trayecto. Sin embargo, durante el incidente hubo 22 lesionados, 14 de la GN y 8 policías estatales; ningún estudiante.

El gobierno, en un iluso ejercicio de ingenuidad hizo un llamado a los estudiantes para pedirles ‘se comporten y no den excusas a los conservadores’. Pero en tanto no tomen en verdad cartas en el asunto los problemas seguirán creciendo. Las autoridades escolares deben revisar lo que se enseña en ese plantel ¿técnicas educativas o ideología marxista? al tiempo que las fiscalías investigan sus instalaciones para determinar si los restos de autobuses qué hay en sus patios son consecuencia de delitos cometidos hasta ahora impunes.

Parece increíble que quienes dicen ser teóricamente de izquierda roben a una empresa de un Estado que también se dice de izquierda. O ellos no se sienten identificados ideológicamente o lo hacen por simple negocio. Estamos llegando a niveles surrealistas.

Hubo justificadas quejas durante el sexenio de Peña Nieto por la brutalidad policiaca ejercida en contra de los estudiantes, inclusive la desaparición de aquellos 43 de notoria fama. Pero en este sexenio se fueron al otro extremo: una absurda connivencia de las autoridades federales y estatales para con dichos pseudo estudiantes.

Encontrar el justo medio es muy difícil, y más para un gobierno que en vez de conciliar, polariza. Pero si no es capaz de tomar medidas de defensa del Estado de Derecho estos cuervos de Ayotzinapa terminarán sacando los ojos a este gobierno miope.

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