Una aportación cultural destacable

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Por: Alejandro Díaz

La noticia que atrapó fuertemente a la opinión pública fue el aviso de que el Citigroup pone a la venta su subsidiaria en México, Citibanamex. Más que el hecho de que uno de los grandes capitales desinvierta en México -motivo de preocupación en sí mismo-, despertó comentarios políticos, sentimientos ultranacionalistas y elucubraciones de todo tipo, pero poco se dijo de su aportación cultural.

Los comentarios políticos buscaron referirse a la imagen de desencanto del necesario Estado de Derecho que se requiere para conservar y promover inversiones productivas para generar puestos de trabajo para una población que los requiere. Sin detenerse a considerar razones de negocio para la desinversión, de inmediato culparon al gobierno diciendo que sus acciones alejan a quienes buscan crear empleos. Por el contrario, fuentes cercanas al gobierno celebraron, así mismo sin mucho seso, la posibilidad de recuperar para el gobierno ‘la rectoría del Estado en materia bancaria’. Cada bando intentó usar los argumentos políticos a los que ya nos acostumbró la prédica matutina para justificar una decisión de negocios que no necesariamente los ha motivado.

Esa decisión no tiene por qué tener implicaciones políticas, sólo de conveniencia empresarial, pero logró alimentar la especulación política. Fueron evidentes las intenciones arriba anotadas, y hay muchas más: ¿Se busca ‘democratizar’ el sistema bancario o permitir más concentración que el actual? ¿Será que algún banco de los actuales que lo adquiera, que otros capitales extranjeros inviertan para sustituir al Citigroup o se intentará unir capitales mexicanos para la adquisición?

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Se enfatizó que la venta de Banamex tendrá que pagar impuestos sin considerar lo que opinen sus asesores financieros que saben hacer múltiples maromas. Y aunque las calificadoras internacionales ya hayan afectado la calidad crediticia del banco, la última palabra la tendrá que dar su consejo de administración cuando se apruebe la transacción definitiva, haya comprador y se espere el pago por la transacción.

No hubo comentarios sobre si los posibles adquirentes pudieran mantener o mejorar la calidad del servicio a los usuarios de la banca, tanto ahorradores como solicitantes de hipotecas y préstamos. Tampoco de que al adjudicar el banco a una nueva entidad creada ex profeso sea nacional o extranjera destaquen primerísimamente las credenciales para ofrecer servicios de excelencia. Una dificultad adicional de la que no se ha hablado es si el comprador es nacional se creará una presión adicional al tipo de cambio, porque Citigroup demandará el pago en dólares,

La mayoría de las opiniones vertidas son como las cuentas de la lechera: podrán tenerse sueños de futuras riquezas, pero falta materializarlos y que en el camino no caiga el cántaro y sea el fin del sueño.

Por el contrario, el tema cultural es una importante omisión porque Banamex no es sólo el banco más antiguo del país sino ha realizado lo que ningún otro banco mexicano ha intentado hacer: invertir en edificios coloniales para sus oficinas y sucursales en todo el país. Impresionantes edificios que ha reunido, del llamado ‘Palacio de Iturbide’ en el centro de la Ciudad de México hasta el ‘Palacio Montejo’ de la capital yucateca pasando por otros similares en Durango y San Miguel de Allende. Pocas empresas -y ningún otro banco- han invertido en conservar inmuebles que de otra manera habrían sucumbido al paso del tiempo o de la picota.

Conservar el capital cultural de muchas ciudades coloniales difícilmente puede recaer en los distintos niveles de gobierno porque no quieren distraer recursos y la cultura no es prioridad gubernamental. Son los particulares -como puso el ejemplo Banamex- quienes pueden contribuir a conservar el patrimonio cultural inmobiliario.

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