Chile: No regresar a los 70

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Por: Alejandro Díaz

La elección chilena del pasado domingo enfrentó en segunda vuelta a candidatos con posiciones extremas de derecha e izquierda. En la anterior elección el electorado los prefirió frente a los centristas, motivando a los dos candidatos preferidos a moderar su discurso y sus propuestas para atraer a los votantes de centro. Cada vez más países recurren al sistema de doble vuelta para que el resultado de las elecciones garantice la mayor gobernabilidad posible.

Esa elección pareció regresar a los chilenos a la década de los años 70 del siglo pasado cuando las posiciones extremistas alcanzaron su máxima polarización. La elección del marxista Salvador Allende en su cuarto intento crispó la sociedad entera; Allende, en vez de buscar posiciones conciliadoras prefirió atizar problemas. En tres años empobreció al país, promoviendo nacionalizaciones que alejaron inversiones que habrían ofrecido empleo bien pagado.

A la mitad de su mandato, en medio de una profunda crisis económica y social, las fuerzas armadas se rebelaron, dieron un golpe de Estado y al intentar apresarlo, murió en circunstancias nunca bien aclaradas. Como resultado del golpe se instauró una dictadura que duró más de 15 años, y que sólo pudo superarse en 1988 después de un plebiscito obligatorio que perdió el dictador Pinochet al intentar reelegirse.

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Aparentemente el triunfador en las elecciones de este año, Gabriel Boric, se ha manifestado por buscar construir consenso con fuerzas distintas, postura radicalmente distinta a la que tuvo Salvador Allende. Desde que comenzó a competir en la segunda vuelta se rodeó de asesores más moderados que los que tuvo en su primera campaña al intentar atraer a los votantes que inicialmente no lo apoyaron. Cabe aclarar que su competidor, José Antonio Kast, también moderó su discurso con el mismo propósito, pero sin el éxito de Boric.

Desde antes de la campaña presidencial, el entonces diputado Boric criticó fuertemente a los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela por su falta de respeto a los Derechos Humanos de sus ciudadanos. Durante la campaña reafirmó sus críticas a estos regímenes, las que provocaran un cierto alejamiento de sus seguidores más radicales. En las propuestas de Boric, y en sus discursos durante la segunda campaña, ha enfatizado su respeto al Estado de Derecho y a la propiedad privada, aunque propuso terminar con el modelo que le sugirió Milton Friedman a Pinochet.

Ciertamente Boric se propone fortalecer el papel del Estado en la economía, mejorar la Educación y la Salud, elevando impuestos para cubrirlos siguiendo el modelo europeo del Estado Social. Pero más importantemente, busca superar las diferencias que se dieron tanto durante las campañas como en la vida cotidiana entre quienes en el pasado combatieron o apoyaron a Pinochet. Afirmó sin ambages: “quiero ser el Presidente de todas las chilenas y los chilenos”.

Con 35 años Boric es de una nueva generación que no vivió la dictadura y no quiere estar sujeto a los conflictos surgidos por su herencia. Su experiencia política comenzó como presidente estudiantil de la Federación Estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Con ese carácter participó en las protestas estudiantiles que se dieron hace 10 años destacando como dirigente. Dos años después se postuló para diputado por su distrito en el lejano sur (Punta Arenas) siendo electo y luego reelecto. En julio pasado fue electo candidato a la Presidencia de Chile por el Frente Amplio.

Está por verse el tipo de gobierno que realizará, si seguirá su oferta del modelo europeo de Estado Social o corregirá para seguir la tendencia de los gobiernos de izquierda latinoamericanos.

daaiad[email protected]

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