La tragedia de todos

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Tras la noticia de la explosión, la tragedia se va fragmentando en crónicas de historias personales y familiares, no menos terribles y dolorosas, unas de las otras.

Un bebé con quemaduras en 80% de su cuerpo, que fue trasladado a un hospital de alta especialidad en Texas, mientras otros pequeñitos luchan por sobrevivir en salas de terapia intensiva de distintos hospitales públicos y privados de la ciudad, al igual que los adultos que resultaron gravemente heridos. Lo mismo pienso de la enfermera que falleció tras intentar salvar a un pacientito, como en la familia que sufre la pena por la muerte de su nena de casi un mes de nacida y en la desoladora historia que envuelve a la bebé que golpes y quemaduras le causaron la muerte, no ha podido ser identificada y continúa en calidad de desconocida.

Mi solidaridad y condolencias para los que sufrieron una pérdida. Para los heridos, mis deseos de pronta recuperación. Y para quienes arriesgaron su vida en actos heroicos, mi admiración y respeto.

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Hasta el momento las autoridades de todos los niveles están actuando con prontitud y eficacia. Deberán seguir haciéndolo no sólo para cuidar de las víctimas y reconstruir el hospital, sino para esclarecer y sancionar a los responsables lo más pronto posible.

Los tres operadores de la pipa ya han sido acusados de homicidio culposo y enfrentarán su juicio. Está pendiente el resultado de los peritajes, que determinarán la responsabilidad de Gas Express Nieto y de los cuales se desprenderá la sanción correspondiente. Asimismo, se tendrá que aclarar públicamente por qué una gasera tan sancionada por la Profeco y la Secretaría de Energía fue contratada para abastecer toda la red hospitalaria de la Secretaría de Salud del GDF, y si tras los contratos adjudicados pudiera haber funcionarios de gobierno implicados en algún posible acto de corrupción.

Si la información disponible es cierta, en algún momento tendrá que aclararse si alguna de las autoridades del Hospital Materno Infantil es responsable de permitir que se suministrara el gas para todo el hospital en una toma ubicada muy cerca de los cuneros, a un costado de las puertas de acceso y salida del hospital, y a metros del punto de reunión, marcado como zona segura en caso de sismo.

En el DF, de manera cotidiana, la ficción sucumbe ante la realidad; los absurdos y excesos son la regla, y ante los ojos de mirada cansada de los habitantes se confunde en el paisaje con la normalidad.

Todos los días, con el riesgo que conlleva, circulan por calles y avenidas sin restricción, según las cifras disponibles, alrededor de cuatro mil camiones que distribuyen cilindros de gas en vehículos sin las mejores condiciones. Transitan también, sin importar la hora, más de tres mil pipas de gas LP que se detienen y abastecen en tomas cuyas condiciones se desconocen y, seguramente, violando normas que nadie sanciona.

Más allá de actualizar leyes, reglamentos y protocolos de protección civil, es fundamental que en coordinación entre el gobierno local y federal se encuentren mecanismos para hacer que se cumplan las normas establecidas, así como crear mecanismos de denuncia ciudadana cuya atención y solución no dependa del capricho de una empresa o de una mafia de repartidores de cilindros de gas.

Las gaseras operan en todo el país, Express Nieto lo hace en al menos cuatro estados más. En el Distrito Federal hemos pagado muy cara la omisión y el desorden, si en ello se explicara la tragedia que vivimos la mañana del pasado jueves 29. Cuántas ciudades podrían estar corriendo el mismo riesgo, cuántas escuelas u hospitales pueden estar al filo de la falla fatal de una fuga o del suministro de gas en una toma en malas condiciones.  Evitar una nueva tragedia es responsabilidad de todos.


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