La política como herramienta contra el cambio climático

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El pasado viernes tuve el privilegio de ser invitado a presentar el libro de mi amigo Héctor Muñoz, en Saltillo, Coahuila. Se trata de la ópera prima de quien teniendo por formación académica la licenciatura en filosofía, ha dedicado su vida al estudio de la teoría política y a la práctica de la consultoría política, en especial en contextos de campañas electorales.

Con ese “expertise” en su mochila, Héctor dedicó el tiempo de confinamiento pandémico a reflexionar y escribir este libro que se intitula “El Nuevo rostro de la política en el Siglo XXI”, en el cual aborda con gran atino el problema crucial del cambio climático, y la política como alternativa de solución.

Todo parece indicar que la pandemia evidenció de tal manera la fragilidad de la humanidad, que puso a algunas personas a reflexionar respecto de los riesgos que están ahí latentes poniendo en vilo la viabilidad misma de la especie humana, entre los cuales destaca de manera especialísima el cambio climático.

Y digo que la pandemia puso a algunas personas a pensar en estas cosas porque, el tiempo durante el cual Héctor redactó su libro, coincide con el que dedicó Bill Gates, el fundador de Microsoft, a hacer exactamente lo mismo. Desde mi punto de vista se trata de una feliz coincidencia porque tanto el texto de Héctor Muñoz, como el de Bill Gates, que lleva por título “Cómo evitar un desastre climático. Las soluciones que ya tenemos y los avances que aún necesitamos”, hacen un gran aporte a la concientización sobre este delicado tema, pero cada cual ofrece como herramientas para empezar a resolverlo, las que están en sus propios bagajes culturales personales, es decir, mientras que Bill Gates pone el énfasis en la innovación tecnológica como el camino para atajar el cambio climático, Héctor Muñoz pone ese hincapié en la buena política.

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Lo que propone Héctor pues, es aplicar las mejores prácticas de la política para impulsar una agenda que transforme de raíz el modelo socio-económico consumista que padecemos, y que genera no solo una enorme cantidad de basura y gases de efecto invernadero, sino pobreza y graves desigualdades, para transitar a un modelo de economía ambiental y socialmente responsable.

En este sentido, dentro de todos los muchos males que ha implicado la pandemia, quizá se pueda rescatar este aspecto positivo que tiene que ver con el hecho de que provoque un despertar de la conciencia que nos lleve a reflexionar y actuar ante los grandes problemas que amenazan las cosas verdaderamente importantes, y que, a partir de ese despertar, cada quien hagamos como Héctor Muñoz y como Bill Gates, de aportar lo que traemos en nuestra propia experiencia y conocimientos personales, como herramientas para ensayar soluciones.

Héctor por su parte, dedica toda la primera parte de su libro a exponer con detalle las diferentes aristas del problema del cambio climático: sus orígenes, su evolución, sus efectos e implicaciones, lo que los gobiernos han intentado, sus avances y retrocesos, y sobre todo, el riesgo enorme e inminente que significa de cara al futuro de la humanidad. Narra ahí los efectos que ya se están viendo en distintas partes del mundo donde aparecen inundaciones, sequías, tormentas, olas de calor, y otros fenómenos meteorológicos donde antes no ocurrían, generando negativos efectos socio-económicos, pérdida de cultivos y alimentos, desplazamientos y migraciones masivas, entre muchas otras implicaciones indeseables.

En ese sentido, esa primera parte del libro resulta muy ilustrativa para toda aquella persona que quiera adentrarse y entender el fenómeno del cambio climático sin tener que ser un especialista, ya que parte de lo que Héctor propone es justamente traducir el lenguaje científico en el que generalmente el tema es abordado, a uno totalmente accesible a la comunidad en su conjunto.

Es en la segunda parte del libro donde el autor aporta su pericia en consultoría política, para ofrecer un programa de acción respecto de la agenda del cambio climático, en el que incluye aspectos como la comunicación política, los objetivos, la planeación, la estrategia, el mensaje, el liderazgo y la gestión política. Todo bajo la lógica de reivindicar lo que él denomina “la buena política”, es decir, aquella que en realidad está dirigida al bien común. Así, esta segunda parte es todo un manual de estrategia política que bien podría servir para enarbolar cualquier otra agenda, lo que convierte este interesante texto en dos libros en uno: una disertación puntual sobre el cambio climático, y un excelente manual de acción política. Ambas partes, de lectura muy recomendable.


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