Durante el relanzamiento del PAN, el dirigente nacional de dicho partido anunció el fin de las alianzas con el PRI. Muchos panistas lo festejaron, pues al interior creen que no se debió ir junto al tricolor y al PRD. Argumentan que el partido perdió su esencia y que los votantes tradicionales no acudieron a las urnas en rechazo a la unión.
Los resultados electorales del PAN luego del mayor triunfo de su historia en el año 2000 —paradójicamente en alianza con el PVEM— muestran que la votación del blanquiazul ha ido disminuyendo en cada comicio. Pasar de los 15 989 636 sufragios obtenidos en la elección presidencial de 2000 a los 9 644 918 conseguidos en 2024 es muestra de esta reducción crónica, con alianzas o sin ellas. Sin embargo, a favor de acudir a las urnas junto a otros partidos, debe reconocerse que estas coaliciones ayudaron a alcanzar el triunfo en gubernaturas como Aguascalientes o Guanajuato, así como las que lograron ganar de la mano del PRD en Oaxaca o Quintana Roo.
La votación obtenida el pasado 7 de junio en Coahuila, en donde el partido obtuvo un 2% de los sufragios, provocará la pérdida de su financiamiento público local. Además, al no conseguir ningún distrito electoral, el PAN se quedó sin representación en la legislatura estatal. El desplome contrasta con los comicios de hace tres años, en los cuales, junto al PRI y al PRD, ganaron cinco distritos, sin olvidar que en 2017 estuvieron cerca de ganar la gubernatura.
Otra faceta de este problema tiene que ver con la solicitud de la dirigencia estatal en Coahuila para mantener la alianza en la pasada elección local, algo que también se pide en entidades como Nuevo León, donde el panismo local aprecia un escenario distinto al que ve la dirigencia nacional. El resultado del pasado 7 de junio confirma el error de diagnóstico cometido desde la sede de la avenida de Coyoacán, en la capital del país.
Jorge Romero no ha explicado si las alianzas impactaron negativamente en la votación o si existen otros factores que incidieron en la contracción del voto blanquiazul. Lo que muestra la elección en Coahuila apunta a que se hizo un análisis superficial. El desacierto se confirma con el comunicado en el cual la dirigencia reconoce la derrota y afirma que lo sucedido hace necesario reforzar las estructuras estatales, una tarea que debió suceder antes de dicho proceso electoral.
Militantes que se quejaron de las alianzas ahora se preguntan si lo que realmente ha sucedido es que su partido carece de una estrategia electoral consistente. Una apuesta que busque no sólo retener a su electorado tradicional, sino atraer a nuevos votantes, atendiendo a los cambios demográficos y sociales que ha vivido el país en las últimas décadas.
Otro elemento de preocupación para los panistas que se resisten a abandonar la nave blanquiazul —como ha ocurrido con miles de militantes que han renunciado— es la convocatoria lanzada por Romero Herrera para abrir las candidaturas a ciudadanos que no estén afiliados al PAN, para que a través de encuestas se definan los abanderados.
Militantes de toda la vida temen que esto los margine de las candidaturas y abra la puerta a liderazgos sin identidad partidista pero con alta popularidad, quienes incluso podrían presentar propuestas opuestas a las históricas de esta fuerza política.
Así, la negativa a continuar con las alianzas, la falta de una estrategia atractiva para nuevos votantes, la desatención a las solicitudes de los comités estatales para configurar coaliciones locales, y la insistencia en mantener banderas que no responden a la realidad del México actual, configuran las principales preocupaciones de los panistas rumbo a las elecciones de 2027 y 2030.
La votación del PAN ha ido a la baja en las últimas décadas y la dirigencia nacional sólo ofrece aislamiento electoral y una preocupante ausencia de renovación en su propuesta para la ciudadanía.
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