La gran conversación del tapadismo

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Juan Ignacio Zavala

Pocas cosas de la política nos gustan tanto a los mexicanos como la de andar adivinando quién será la candidata, el candidato o candidate de las próximas elecciones. Y, por supuesto, atinarle a quien vaya a ganar la presidencia del país. Las pláticas se multiplican y cada vez se adquiere un tono más informado, como si el contertulio tuviera acceso a toda clase de secretos en las más altas esferas del poder. “Va a ser fulana”; “el Presidente ya decidió que fuera zutanito”; “estás leyendo mal, ése no es el caballo negro, es para fintar, para que se desgaste, el seleccionado es perengano”. Por supuesto todo viene aderezado de alguna frase que puede denotar un profundo conocimiento de los resortes que mueven al noble pueblo mexicano: “la gente quiere un líder, que le enseñe el camino, no quiere un experto en nada”; “México no está preparado para ser gobernado por una mujer, somos un pueblo de esencia macha”; “después de AMLO la gente va a querer un viejito sereno que no haga broncas, alguien tipo Biden, la ley del péndulo”. Este tipo de frases se repiten en cualquier escenario y esas conversaciones se alargan por lo menos un par de años.

En auxilio de esta cultura del “tapadismo”, llegaron hace unos años las encuestas. Este tipo de instrumentos por lo menos limitan el número de participantes por partido y circunscriben la competencia a quienes tienen realmente posibilidades. Claro que para liderar la conversación en ocasiones ponen figuras “a modo” para probar si tienen impacto. En la encuesta de Reforma, publicada la semana pasada, aparecen algunas sorpresas dignas de tomar en cuenta para “la gran conversación del tapado, la tapada o el tapade”. Por supuesto que lo primero que nos queda claro es que Claudia Sheinbaum va tendida. Es la favorita del Presidente y decidió que la señora comenzara a placearse para ser conocida. En efecto, la jefa de Gobierno de la CDMX no es muy conocida en el país. Ésa es la razón por la que Marcelo sale ligeramente arriba de ella. Pero eso ya no sucederá en un par de meses. Claudia tiene espacio para crecer y no tiene los negativos que tiene el canciller.

El caso de Ebrard es llamativo por dos cosas: es claro que no goza de todas las confianzas del gran elector de Morena, que es el Presidente. Ya hace unos años lo bajó de manera humillante de una encuesta en la que quedó claro quién era el jefe. Quizá sea el pasado salinista en el que se educó Ebrard en su paso por el priismo; quizá sea su vocación de fifí, su gusto por pasearse por Europa y los relojes caros, pero es evidente que “no es del pueblo”. El otro asunto es que no pasa bien entre la gente, no tiene carisma y su imagen va más bien ligada a la eficiencia que al liderazgo. Para colmo cree que desde la Cancillería se puede ser candidato a la presidencia y que andar tonteando en la ONU o sirviendo café en las reuniones de jefes de Estado, le va a granjear simpatías y preferencias. Pobre.

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Otro aspecto importante de la encuesta es que parece ser que las alianzas entre partidos no son bien vistas por los electores. Esto viene a dar al traste a los esfuerzos de quienes creen que tener una sola candidatura anti-López apoyada por todos los partidos opositores es una buena idea. Los ciudadanos creen que los partidos tienen planteamientos y principios que no deben mezclarse. De hecho, eso ha sucedido ya. En 2006 el PAN fue sin alianza y ganó la presidencia. En 2000 fue nada más aliado con el Verde y ganó. Pero claro, todo indica que los panistas de ahorita piensan que necesitan del PRI, del PRD y de la Coparmex para ganar. En ese sentido aparece mejor posicionado MC que va solo y tiene todo para crecer.

Por supuesto que nos falta hablar de las posibilidades de candidatos opositores, pero ya tenderemos momento de hacerlo. La conversación del “tapadismo” apenas comenzó.


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