La Encíclica ‘Alabado Seas’ y el Medio Ambiente en Sinaloa

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Tanto el Lic. Silvino Silva como el Dr. Rito Vega, miembros ambos del Consejo Ciudadano de Ecología del Estado de Sinaloa, me hacían ver la directa aplicación que tiene el contenido del Capítulo Cuarto de la Encíclica “Alabado Seas” del Papa Francisco, sobre “el Cuidado de la Casa Común”, en cuanto a la protección del medio ambiente en el Estado de Sinaloa, por ser este un estado agrícola, pesquero y ganadero, cuya sociedad debiera tener especial cuidado del agua, el suelo, la zona costera, la plataforma marina y el medio ambiente integral.

El Consejo Ciudadano de Ecología propuso desde noviembre de 2014, la “Agenda Ambiental para el Desarrollo Sustentable en el Estado de Sinaloa”, que incluye una serie de propuestas de políticas públicas y legislación en materia ambiental, que encajan y responden precisamente a muchas de las inquietudes, consejos y reclamos que contiene la Encíclica, especialmente en ese Capítulo Cuarto, en el que se define que “La Ecología estudia las relaciones entre los organismos vivientes y el ambiente donde se desarrollan” (no. 138) y que una Ecología Integral debe incluir tanto las dimensiones humanas como las sociales, pues todo está conectado ya que “…las especies vivas conforman una red que nunca terminamos de reconocer y comprender…”

Sinaloa, para el buen desarrollo de sus actividades socio-económicas principales, requiere fundamentalmente del correcto uso y protección del agua, de sus fuentes, de almacenamiento y de las cuencas hidrológicas, pues al no atenderse la protección de las zonas serranas, de sus bosques y de toda su biodiversidad, se contaminan los mantos y cauces acuíferos y se está limitando, no solo la cantidad, sino también la calidad del agua, tan necesaria para la economía de la sociedad sinaloense.

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En el punto 139 de la Encíclica se anota que “Cuando se habla de ‘medio ambiente’, se indica particularmente la relación que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita”. Nuestros agricultores siguen regando las tierras con el mismo método que se ha utilizado desde hace miles de años, es decir, por gravedad y por saturación; son pocos los agricultores que utilizan el riego por aspersión y el riego por goteo que ahorraría millones de metros cúbicos de agua, pero al no existir una conciencia y políticas públicas que promuevan el cuidado del agua, sólo se espera que cada año llueva lo suficiente para el siguiente ciclo agrícola.

Con cuánta razón el Papa Francisco declara en la Encíclica que: “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental” (139), pues no sólo se consume exageradamente el agua en los usos agrícolas y urbanos, sino que se contamina con fumigantes, fertilizantes, residuos sólidos y deshechos urbanos, afectando así gravemente la fauna y la flora así como los litorales marinos, de los que depende la actividad pesquera, pues al contaminarse el agua dulce que llega a las costas sinaloenses, las especies marinas disminuyen o desaparecen y se alejan de nuestras costas.

Siempre se arguye que todo cuidado del medio ambiente tiene costos que encarecen el proceso económico, pero lo cierto es que en muchos países se ha logrado una “cultura de cuidado del medio ambiente” con políticas de educación, control y distribución de los costos entre gobierno, productores y sociedad en general; por ejemplo, así como hay “bonos de carbono” para premiar a los países que menos contaminen el aire con bióxido de carbono, también pudiera haber “bonos de agua” para premiar a quienes menos contaminen y el buen uso del agua; igualmente pudiera haber “bonos forestales” o “bonos de uso del suelo”, para quienes mejor cuiden y recuperen sus bosques y para quienes menos contaminen sus terrenos agrícolas, etc. Por todo esto, el Papa expone que “… la protección del medio ambiente deberá constituir parte integrante del proceso de desarrollo y no podrá considerarse en forma aislada” (141).

La Encíclica incluye en este Capítulo Cuarto el concepto de Bien Común que se debe buscar con la participación personal, social y de gobiernos, la cual implica otro concepto, el de solidaridad; solidaridad entre el área rural y el área urbana, entre esta y el área agrícola, entre lo agrícola y el área pesquera, pero no sólo en el tiempo presente, se quiere también la solidaridad intergeneracional, pues el agua y el suelo, los bosques y los litorales de los que ahora gozamos, pertenecen también a las generaciones futuras, ya que el medio ambiente “Es un préstamo que cada generación recibe y debe transmitir a la generación siguiente” (151) pues “El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta…”

Aquí está el mensaje de la Encíclica y las propuestas de la Agenda Ambiental para Sinaloa, como puntos de partida para proteger el medio ambiente del Sinaloa de hoy y el de mañana.


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